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Entrevista:

"Madrid aún conserva lugares atractivos para la cámara"

San Lorenzo de El Escorial

Angelino Fons (cineasta nacido en Madrid en 1936) es un ermitaño moderno. Ya en 1975 no pudo soportar la abrumadora actividad de la capital y decidió buscar una vida más desacelerada en la ladera del monte de Abantos, en San Lorenzo de El Escorial. Allí vive solo, en un chalé adosado con una chimenea que no deja de quemar troncos a lo largo del invierno y a la que presta más atención que a lo que la televisión difunde. Tiene la barba bien tupida y su chándal azul es como su segunda piel, se lo pone todos los días, confiesa. Se tapa la calva con una boina negra ya algo gastada, de las que han perdido el color bajo el sol y la lluvia, y desde que se golpeó la rodilla al entrar en el coche, usa una cachava para andar. Le gusta coger setas, cocinarlas y comérselas. Rodeado de bosque, dice que cuando está tumbado en la cama, justo antes de dormirse, el ruido del viento en los pinos le recuerda al del mar. Ha dejado de dirigir películas pero sigue trabajando: se levanta temprano todos los días para leer y escribir. Hoy recibe un homenaje por su intensa entrega al mundo del cine en la España de los sesenta y setenta, época en la que dirigió más de 25 películas y escribió varios guiones. Su largometraje más conocido como director es La busca (1966), una adaptación del primer tomo de La lucha por la vida, trilogía del escritor Pío Baroja.Pregunta. ¿Qué le parece recibir un homenaje en vida?

Respuesta. Cuando uno recibe un homenaje antes de muerto empieza a pensar que está acabado. Aunque, la verdad, lo prefiero en vida porque así ves a los amigos.

P. Usted dejó la capital para irse a vivir a un pueblo. Justo al contrario que el protagonista de La busca.

R. Madrid era un pueblo hasta 1960, pero se volvió agobiante ya en 1975. ¡Imagínese ahora! Yo he rodado mucho por las calles madrileñas y adoro pasear por el Madrid viejo, por la plaza de la Paja, de la Villa y por todas las callejuelas Pero ahora escapo de las multitudes.

P. ¿Ha cambiado mucho la ciudad desde la década de los sesenta?

R. Sí, los lugares donde yo filmaba iban desapareciendo a medida que quitábamos las cámaras. Parecía que las máquinas esperaban a que finalizáramos la escena para venir y tirar la esquina en la que se apoyaban los actores. Sin embargo, aún conserva puntos atractivos para la cámara.

P. Y ahora, ¿encuentra bella Madrid?

R. Aún conserva su belleza originaria en algunos puntos, pero el urbanismo desmesurado se ha impuesto.

P. Usted nació en Madrid pero a los dos años se fue a vivir a Orihuela (Alicante). ¿No echa de menos el mar?

R. Combato esa pena paseando por el monte. Me gusta caminar, coger setas, orégano, tomillo... Utilizo todas las hierbas para cocinar, cosa que no hago mal, por cierto. Lo que más me gusta es el arroz, casi tanto como el cine.

Homenaje a Angelino Fons, día 30, a las 20.00, en el cine Travesía (calle Las Pozas) de San Lorenzo de El Escorial.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 30 de abril de 1997

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