La muerte de Emilio Azcárraga crea incertidumbre sobre el futuro de Televisa

El magnate de la televisión mexicana fallece en Miami víctima de un cáncer

Emilio Azcárraga Milmo, el gran magnate e la televisión mexicana, falleció el miércoles en Miami (EE UU) víctima de un cáncer. Consciente de la gravedad de su dolencia, el empresario, de 66 años, había traspasado en marzo la presidencia del Grupo Televisa, el mayor consorcio de medios de comunicación de habla española, a su hijo, Emilio Azcárraga Jean. Sin embargo, su desaparición ha generado incertidumbre entre los inversores, preocupados por las dentelladas que la competencia comienza a propinar en los niveles de audiencia del otrora monopolio televisivo.

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Cuando anunció por medio de un vídeo su retirada, Azcárraga aseguró que se iba a dedicar a los proyectos por satélite, su gran pasión. Su voz cansada y su aspecto apagado lo traicionaron. Su enfermedad era de hecho un secreto a voces. El Tigre, como se le conocía en México, presentó a sus sucesores: su hijo Emilio, de 29 años, y Guillermo Cañedo White, de 37, hijo de uno de los máximos ejecutivos del grupo, y ahora nuevo presidente del consejo de administración.

La reacción en medios financieros no se hizo esperar, y las acciones del grupo en las Bolsas de México y Nueva York cayeron cerca de un 3%. Fue el primer aviso de la desconfianza que generó entre los inversores la decisión de Azcárraga de dejar "en herencia" los cargos directivos de un emporio que cuenta con activos superiores a los 3.200 millones de dólares (464.000 millones de pesetas). Las familias Azcárraga, Cañedo y Alemán (descendientes del ex presidente mexicano Miguel Alemán) controlan de hecho el 60% de las acciones con derecho a voto.

El joven Azcárraga Jean ha tratado desde entonces de disipar los temores. Primero rompió con la tradición asentada por su padre, que impuso una férrea dirección personal, y anunció que la gestión del grupo estará en manos de un comité ejecutivo de expertos. Y después se embarcó en un plan de estrategias financieras, que se dará a conocer en los próximos días.

Los retos del nuevo equipo son inmensos. La progresiva liberalización económica y política de México ha enfrentado a la empresa Televisa, que hasta hace algunos años controlaba el 90% de la audiencia televisiva y casi la totalidad del mercado publicitario, a una competencia cada vez más patente. El balance de 1996 es en este sentido significativo. El año pasado, por ejemplo, los niveles de audiencia descendieron por debajo del 60%, y las ventas por adelantado de espacios publicitarios crecieron casi un 30% menos que el de su principal competidora, la Televisión Azteca. La compañía, que no ha declarado beneficios desde 1995, anunció pérdidas por 77 millones de dólares. El nuevo equipo se ha puesto como metas incrementar la audiencia hasta un 70%, lanzar una red de noticias financieras de 24 horas para América Latina y desembarcar en España con el proyecto de televisión digital auspiciado por el Gobierno del PP.

En lo que no parece que vayan a introducirse grandes modificaciones es en la programación. Azcárraga Jean ya ha anunciado que seguirá la filosofía de su padre, para quien la televisión debía llevar diversión a las "clases jodidas" para "sacarlas de su triste realidad". No en vano la baza fuerte de Televisa son las telenovelas.

La herencia que Azcárraga deja es impresionante. El grupo cuenta, entre otros negocios, con cuatro cadenas de televisión que aglutinan a 280 emisoras; una editorial que distribuye más de 120 millones de publicaciones al año en 23 países, tres compañías discográficas, 16 emisoras de radio, un sistema de televisión por cable (Cablevisión, el mayor de México) y varios equipos de fútbol, al tiempo que tiene inversiones estratégicas en empresas como Univisión, Galavisión, Venevisión, Sky y PanAmSat.

Azcárraga, considerado como uno de los empresarios más brillantes y astutos del país, forma parte de la historia política de México. El Tigre nunca tuvo reparos en definirse como "un soldado del presidente de la República", que desde hace 69 años pertenece al Partido Revolucionario Institucional (PRI). De hecho Televisa ha sido uno de los pilares más sólidos del régimen. La noticia de la muerte de Azcárraga afectó ligeramente la cotización del grupo en Wall Street con una caída del 1,4%.

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