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Nación Reixa mezcla furia y pasión en 'Safari mental'

"Con los años he ganado en ambición creativa", dice el compositor

"Ahora se nos da la razón a los que amábamos la música de los setenta" asegura el artista multidisciplinar Antón Reixa (Vigo, 1957), que anoche presentó en una pequeña sala madrileña los temas del segundo álbum de su último proyecto musical, Nación Reixa. Este Safari mental aparece tras haber abandonado Reixa su compaña discográfica de siempre, aquella que lanzara en los años ochenta a Os Resentidos, y de haber firmado por un nuevo sello: Goran Herría.

Acerca de la conveniencia de este cambio, el intérprete y compositor gallego explica: "Ahora se dan unas circunstancias que, cuando comenzó Nación Reixa, no se daban; una especie de complicidad con gente de otros países, a los que no conoces y que, sin embargo, están en tu misma familia sonora. Creo que es una buena estrategia para un proyecto musical como el nuestro". A Reixa, sin embargo, no parece preocuparle su salida de los caminos comerciales, tras haber decidido el cambio de compañía: "Con los años he ganado en ambición creativa, pero la otra ambición, la material, me temo que la he perdido. Se quedó por el camino. Estoy un poco cansado de que todo el mundo diga que soy un chico multimedia muy simpático y de ser el raro, de la pandilla. Aquí me siento más en mi sitio". Reixa niega una radicalización de hecho en sus planteamientos artísticos, pero lo cierto es que este segundo disco sí parece discurrir bajo otro influjo emocional: "En el primer disco del grupo, Alivio rápido, había un estado natural de melancolía cósmica. Para éste he adaptado un poema de un poeta gallego amigo mío que murió el año pasado, Lois Pereiro. Este dejó escrito al final de su último libro, como epitafio para su tumba, un poema llamado Furia, y en él se pide que, al pasar por su tumba, la gente escupa sobre ella 'de furia húmeda y de rabia necesaria'. Quiza yo haya retomado esa furia, entre punki y dandi, de Pereiro".

Esa sensación pasional invade otros aspectos más formales del disco. "Ahora hemos cambiado en el sentido. de que, aparte de Kaki Arkariza -ex guitarra de los desaparecidos Negu Gorriak- y yo, se ha incorporado un batería al grupo, Mikel Pintza, y eso ha devuelto el sudor, que también es necesario. Ha habido más local de ensayo en la composición". Sin embargo, el ambiente de local y de tocar en directo no les aparta de su vocación de orientación hip hop: "Ése es el punto que, se mantiene más claramente".

El disco está cantado en gallego, aunque sus letras vienen traducidas en la carpeta al castellano, euskera e inglés y pretende, según sus autores, recoger el eco instrumental y melódico de hace dos décadas. "Hemos optado por mantener sobre todo el funky y esas resonancias de los años setenta con órgano Hammond. Pero es lo que está pasando en este mismo momento. Ahora se nos da la razón a los que amábamos la música de los setenta y tuvimos que pasar una travesía del desierto en los ochenta porque se había convertido en una horterada confesarlo". Por otra parte, este Safari mental viene sustentado en las tecnologías del sampler "Se impone definitivamente el uso del ordenador en música, para incorporar otro sentido distinto de la originalidad y acabar con el virtuosismo instrumental".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 21 de marzo de 1997