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Los partidos salvadoreños extreman su moderación para no remover el pasado

Las urnas se abrieron ayer temprano en El Salvador para las elecciones legislativas y municipales, los segundos comicios que este país celebra en paz.Por una vez, los partidos políticos han evitado los discursos extremos para atraer a tres millones de electores marcados por los 12 años de guerra civil. Las divisiones ideológicas que han cuarteado la sociedad salvadoreña han dejado paso a la preocupación por las propuestas concretas.

"Mire, yo ya sé que en una mano hay dedos grandes y chicos y todos cumplen sus funciones, pero hay muchas maneras de compartir. El Frente va a anivelar las cosas", comentaba David Campos, mientras esperaba su turno ante la mesa electoral del enorme recinto ferial de San Salvador. Nunca antes había votado por el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), la antigua guerrilla convertida hoy en la segunda fuerza política del país. Pero ahora lo va a hacer porque está cansado de que su trabajo como taxista sólo le permita sobrevivir.Tampoco Alfredo, propietario de una panadería, se hubiera imaginado años atrás votando por una opción de izquierda. Pero la crisis, que ha reducido sus ventas en un 40%, le impulsa a probar. "El FMLN al menos hace propuestas, es positivo", explica. Nora, en cambio, sigue fiel a la Alianza Republicana Nacionalista (Arena), el partido de la derecha que gobierna desde 1991. "Hay que darles tiempo. Si ahora ganan los otros, en el Congreso no van a poder gobernar y todo va a ir peor".

La jornada electoral transcurrió sin violencia y al cierre de los colegios electorales los únicos puntos obscuros eran el gran número de denuncias por irregularidades y un alto absentismo.

Aunque anoche aún no había datos precisos de participación, pero las primeras impresiones eran de un absentismo más alto del esperado. Ya a primera hora, la afluencia en las urnas era escasa, por lo que los partidos reiteraron sus llamamientos a Votar.

Mucho han cambiado las cosas en El Salvador. La carestía, el desempleo, la delincuencia galopante o la despenalización del aborto han sustituido como eje de las preocupaciones de los salvadoreños a la eventual llegada del comunismo o a la negra represión de la ultraderecha. La normalidad democrática va reinando poco a poco en un país que hasta 1992, año en que se firmó la paz, vivió sometido a la violencia política. El miedo ha dejado de condicionar el voto.

Prueba de ello ha sido la obsesión de los principales partidos por rehuir el radicalismo. A pesar de la agresividad verbal que ha brotado en la campaña, tanto Arena como el FMLN han aparcado las proclamas incendiarias para ofrecer una imagen de moderación más acorde con los nuevos tiempos.

Mientras que la derecha se ha desmarcado "de los ricos" y ha esgrimido un programa donde suaviza su dura política neoliberal para poner a la pobreza como prioridad, la antigua guerrilla manifiesta con orgullo que ya ha dejado de ser "el partido de los pobres". "Lo fue, pero hoy ya no. Es de los pobres, pero también de los empresarios, de los comerciantes, de todos los profesionales engañados por Arena", proclama Manuel, candidato a la alcaldía de Soyapango, cercana a la capital. Ya no hay propuestas específicas para las clases explotadas. Ahora hay ofertas de "honradez y eficacia" para todos.

Muertos en campaña

Son, por supuesto, promesas electorales, y por debajo de ellas hay gestos que muestran el encono que todavía supura la clase política. Ahí están, por ejemplo, las acusaciones mutuas de la responsabilidad por la guerra civil que Arena y el FMLN se han lanzado recientemente.A cambio, la convivencia más o menos apacible parece haber ganado la batalla. Los tres muertos causados en los enfrentamientos que han jalonado la campaña electoral -todos en las filas de la antigua guerrilla- contrastan con los 21 asesinatos políticos que se denunciaron en las elecciones generales de hace tres años. Por no hablar de los comicios de 1991, que estuvieron acompañados del estrépito de los combates entre la guerrilla y el Ejército.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 17 de marzo de 1997

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