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"Me parece denigrante"

A la puerta del instituto Carlos Bousoño, en Majadahonda, se agolpan varias estudiantes. Entre ellas figura una de las representantes de los alumnos en el Consejo Escolar. Es morena y habla claro: "Es denigrante lo que ese profesor hace con menores de edad como nosotros. Es apología de la intolerancia, se salta la Constitución y los derechos humanos". La joven también critica a Esteve por inducir a sus compañeros a entrar en una "secta", como Nueva Acrópolis. "Lo de subirte la nota si vas es terrible", añade.Pese a estas críticas, el profesor Esteve no está solo. Las alumnas reconocen que un grupo "de unas cinco" va a realizar un acto de desagravio en su nombre. "Ahora se hace la víctima, y hay quien se lo cree. Es muy inteligente. Además, hay gente a la que eso del racismo pues no le espanta y, claro, pues está con él, reconoce una de las chicas. "Pero en general, casi todos los alumnos estamos en su contra", apostilla.

Jóvenes contra la Intolerancia

La Asociación Jóvenes contra la Intolerancia también ha tomado cartas en el asunto. Esta entidad no gubernamental, conocedora del caso, no sólo ha mostrado su repulsa por las teorías de Esteve, sino que ha iniciado los primeros pasos para averiguar si la conducta del profesor es punible, por la vía penal."Últimamente se está registrando un auge en las teorías que defienden la diferencia de las razas por medio de seudoargumentos científicos. Es peligroso porque dan cobertura ideológica a los extremistas y engañan a muchos incautos. Pero la verdad es que científicamente ya nadie habla de razas; se trata de un término moribundo e inexacto", afirmó el presidente de Jóvenes contra la Intolerancia, Esteban Ibarra.Esta entidad envió ayer al instituto Carlos Bousoño de Majadahonda a dos monitores para que impartiesen a los alumnos afectados por las enseñanzas de Esteve una clase sobre la tolerancia. Un monitor es blanco, se llama Fernando Guerrero y tiene 24 años. El otro es Denis Ndempaawai, de 42 años, camerunés, negro y profesor de filosofía.

Ayer, ninguno de los dos monitores coincidieron con el profesor que enseña las teorías racistas. Hoy por la mañana, cuando ambos vuelvan a Majadahonda para impartir su clase de tolerancia, quizá lo hagan.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 14 de febrero de 1997