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Tribuna:

La 'filosofía' de Mike Tyson

Hace unos días, en un programa deportivo, vi una entrevista con Mike Tyson en la que hablaba de su próximo combate con Hollyfield. "Mi filosofía, decía, es que en esta vida o destruyes o te destruyen"Es posible que para ser un boxeador profesional, esa filosofía sea imprescindible. El boxeador profesional puede que tenga que tener y que potenciar incluso su instinto asesino.

Ahora bien, lo que resulta comprensible en el mundo del boxeo, resulta injustificable en el terreno de la política. El instinto asesino puede convertir a Mike Tyson en el mejor boxeador del mundo, pero nadie en su sano juicio consideraría que ese mismo instinto cualifica a una persona para ocupar puestos de responsabilidad política, y menos en el gobierno de la nación.

Esa filosofía, desgraciadamente, es la que parece estar imponiéndose paulatinamente bajo el Gobierno de José María Aznar y la que está empezando a erosionar de forma perceptible la convivencia ciudadana. El lunes pasado, La Vanguardia publicaba el resultado de una encuesta electoral en la que el 52% de los ciudadanos opinaban que el objetivo del PP era acabar con Felipe González. Y El Roto, en una de sus viñetas hace unos días, afirmaba que parecía que Aznar creía que había ganado una guerra civil.

Los síntomas del deterioro institucional, consecuencia de esa filosofía, empiezan a ser más que alarmantes. ¿Cómo, si no, explicar que el Fiscal General del Estado convocara a la Junta de Fiscales antes de la reunión de la Sala Segunda del Tribunal Supremo sobre la posible inculpación de Felipe González, cuando la Junta ya se había pronunciado, sobre el tema y no había ningún elemento nuevo que se hubiera incorporado al sumario desde entonces? ¿Cómo explicar la nota hecha pública la mañana del mismo día de la deliberación de la Sala Segunda y el intento de ponerse en contacto con el presidente de la misma en plena deliberación? ¿Cómo explicar su decisión de tomar en consideración denuncias anónimas respecto de los empresarios de la plataforma digital y hacer pública una nota oficial sobre las mismas? Es verdad que Ortiz Úrculo jura "por su honor" que no ha recibido instrucciones del Gobierno. Pero todo el mundo sabe que un funcionario complaciente no necesita recibir instrucciones, porque las adivina antes de que se las den. De la utilización del decreto-ley para penalizar a quien no se sabe muy bien por qué el Gobierno considera su enemigo, ya se ha escrito bastante. Parecía que más lejos no se podía ir.

Pero nos equivocábamos. El nombramiento del nuevo director general de RTVE supera todo lo imaginable. Es grave, señor Aznar, que un presidente del Gobierno pierda el respeto a su propia palabra. ¿Qué valor puede tener a partir de este momento para un ciudadano su palabra? Y si usted no se respeta a sí mismo, ¿cómo puede pretender que lo respeten los demás? Más grave todavía es que no haya sido capaz de encontrar siquiera a un alto funcionario con una hoja de servicios "intachable". ¿Cuántos funcionarios han sido condenados por sentencia firme por comportamiento irregular? ¿Qué es lo que se pretende con ese nombramiento? ¿Meter miedo y lanzar el mensaje de que se está dispuesto a todo?

Si es lo que pretenden, lo están consiguiendo. El director de El Periódico de Catalunya así se lo decía el domingo pasado. Y eso mismo experimentan cada vez más ciudadanos. Tal vez eso le produzca una íntima satisfacción a usted y a sus apoyos mediáticos. Pero se equivocan si creen que por ese camino van a poder dirigir una sociedad democrática. ¿O es que pretenden otra cosa?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 14 de febrero de 1997