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Joan Brossa y Carmen Calvo expondrán en la Bienal de Venecia

Dos buenas noticias acerca de la Bienal de Arte de Venecia: el hecho mismo de que no se retrase la bienal hasta el año próximo, como se venía rumoreando, tanto por la crisis que padece la propia organización veneciana, como por coincidir este año, y, en fechas próximas, la Documenta de Kassel, y la elección de la representación oficial española a cargo de Victoria Combalía, que ha sido nombrada comisaria. La decisión de Victoria Combalía, que durante años ha sido crítica de arte de EL PAÍS y actualmente es la responsable del Centro Cultural Tecla, Sala de L'Hospitalet, ha recaído en un par de artistas: Carmen Calvo (Valencia, 1950) y Joan Brossa (Barcelona, 1919).

Definitivamente, por lo que se ve, parece que lo de emparejar artistas se impone como criterio dominante en los sucesivos pabellones españoles de la bienal de los últimos años, incluso' con la peculiaridad de combinar -juste milieu- edades y sexos. Así, Oteiza fue acompañado por Susana Solano; Tápies por Cristina Iglesias, y ahora Brossa por Carmen Calvo. No cabe duda que es un criterio políticamente correcto, sólo circunstancialmente roto, como cuando la pareja en cuestión estuvo formada por Alfaro y Arroyo, ambos varones y de parecida edad, o cuando, en plan Robinson Crusoe, Antoni Miralda se quedó solo pero para celebrar las bodas de Barcelona y Nueva York.Sea políticamente correcto o no, el caso es que nuestra representación de este año resulta muy digna. De Brossa, ya cercano a ser octogenario, no diré nada que no esté ya más que escrito en las historias del arte y la literatura españolas del siglo XX, salvo que, desde hace aproximadamente unos 10 años, fue redescubierto como asombroso poeta objetual por los jóvenes y justamente paseado en volandas triunfales por todas las mejores salas de exposiciones de nuestro país, incluido el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. La verdad es que este redescubrimiento no tuvo nada de homenaje arqueológico, porque Brossa ha derrochado pujanza creativa y frescura como para hacer hoy mismo lo que otros mucho más jóvenes hacen ya como simple ayer.

En cuanto a Carmen Calvo, ya internacionalmente muy apreciada a fines de la década de los setenta, cuando aún no había cumplido los 30 años -fue elegida por Margit Rowell para la entonces célebre polémica muestra News Images from Spain, Museo Guggenheim, Nueva York, 1980-, diré que su madurez actual es sencillamente deslumbrante y cautiva literalmente a todo el mundo. Es un caso muy especial en el arte español, porque ha evolucionado con coherencia, sin importarle los vaivenes de la moda y la fortuna, y hoy se ha convertido en una de las mejores artistas europeas de su generación, dicho sea sin la menor exageración. Así que I miei migliori auguri.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 14 de febrero de 1997