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"¡Expulsemos al mamarracho!"

, Volteadas por quienes celebran la destitución de Abdalá Bucaram, las campanas de la catedral de Quito repicaron cuando el Congreso nombró presidente interino a Fabián Alarcón. En el palacio de Carondelet, el jefe de Gobierno, sometido a una presión social sin precedentes, muy difícil de superar, desconocía la decisión legislativa, y se protegió con un batallón de boinas negras de la Marina y efectivos de la Escolta Presidencial.Ecuador sufre una grave devaluación institucional y el enconamiento de sus políticos y habitantes hace temer enfrentamientos civiles. "¡Fuera el tirano!", gritaban ayer muchos en Quito. "¡Tomemos el palacio! ¡Expulsemos al mamarracho!". El presidente interino, Fabián Alarcón, se sumaba a la movilización encabezando en una furgoneta una manifestación de varios miles de personas. La policía disolvió la marcha y una mujer resultó muerta.

En la ciudad de Guayaquil, ciudad natal de Abdalá Bucaram, a la que al parecer viajó ayer el presidente en el alero tras abandonar sigilosamente el palacio presidencial de Quito, sus partidarios se manifestaban con palos y garrotes recordando la legitimidad del triunfo electoral de su jefe en julio del pasado año. Pronto chocaron con grupos rivales y hubo lesionados. El general retirado René Vargas piensa que la decisión legislativa ha complicado las cosas en lugar de arreglarlas. "La mediación en este asunto va a ser difícil. Y ahora se le echa la pelota a las Fuerzas Armadas".

Un editorial del diario Hoy lamentaba que Bucaram para salvar su presidencia pasara de la inflexibilidad en la ejecución del duro ajuste económico a un "baratillo de ofertas" que incluyen aumentos salariales, reducción de precios y derogación de otras medidas y defenestración de los ministros más impopulares. Sus errores han arrastrado al país al caos.

Cerco militar

Cientos de manifestantes trataron de romper el cerco militar para llegar hasta el palacio presidencial y fueron disueltos con gases lacrimógeneos y ráfagas de metralleta al aire. Durante todo el día de ayer se repitieron las intentonas y hubo choques entre radicales y policías.

Dispuestos a todo, miles de quiteños se concentraron en las inmediaciones de palacio, cuyo cerco militar y barreras con alambre de púas fueron reforzadas. Antes de abandonar el palacio, Bucaram celebró reuniones con generales adictos y diputados oficialistas niega obediencia a la resolución del Congreso. "Soy el único presidente de la república", insiste. Carlos Rasero, delegado de un barrio capitalino, instaba al alzamiento: "Todos a la calle con palos y piedras para sacar del palacio a ese majadero que se hace llamar presidente de la República". Las encuestas de opinión difundidas ayer por las emisoras de radio eran tan contundentes como otras conocidas en fechas previas a la huelga general del jueves: al menos el 80% de los ecuatorianos están de acuerdo en destituir a Bucaram.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de febrero de 1997