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La violencia da al Ejército mexicano un protagonismo sin precedentes

, El Ejército mexicano solía seguir derecho, sin pararse, cuando atravesaba esta adormecida aldea del Estado sureño de Guerrero.

Ahora ya no.

Desde que un nuevo grupo guerrillero de izquierdas apareció en junio, tropas de combate se han convertido en una presencia constante en la región. Y, en un signo de su creciente influencia política en todo México, el Ejército parece estar estirando los límites legales de sus acciones. En Guerrero y en otras regiones rurales del centro y sur de México, los habitantes dicen que, en los últimos meses, las tropas del Ejército han estado llevando a cabo búsquedas rutinarias casa por casa en los pueblos, interrogando a la población y utilizando el censo para hacer listas de los ausentes.

En contra de lo que ocurre en otros países latinoamericanos, donde los generales ejercen tanto poder como los presidentes, el Ejército mexicano es políticamente tímido. Mantiene un perfil bajo, obedece a las autoridades civiles y raramente habla públicamente. En México, los militares están apartados de tareas policiales como la entrada en las casas o el arresto de ciudadanos.

"Los militares mexicanos son muy diferentes de los del resto de Latinoamérica, pero esta diferencia está disminuyendo", declaró Roderic Camp, un profesor de Ciencia Política de la Universidad de Tulane, en Nueva Orleans, y experto en el Ejército mexicano. "Podemos estar viendo los primeros signos de una militarización de la sociedad".

Lazos con el PRI

En el pasado, el Ejército era entrenado y armado para la guerra convencional, y no para la contrainsurgencia. Aunque su afiliación formal con el Partido Revolucionario Institucional (PRI) concluyó en los años cuarenta, actualmente mantiene estrechos lazos con el partido gobernante y es habitual que, después de retirarse, algunos militares se conviertan en políticos del PRI.Las fuerzas armadas comenzaron a resurgir en respuesta al alzamiento zapatista en el Estado sureño de Chiapas en 1994. Los planes militares han enfatizado ahora el entrenamiento en contrainsurgencia y los oficiales han sido enviados a la escuela guatemalteca de Kaibil, centro de entrenamiento de los comandos acusados de las peores atrocidades de la guerra civil que ha vivido este país durante 36 años.

En Aguas Blancas, la policía asesinó a 17 miembros de un grupo agrario local en junio de 1995 y es habitualmente acusada de robos y extorsiones. "La zona es más segura", dice Felipe López, alcalde de Tepetixtla. "La gente ahora puede ir a sus campos a trabajar". Otros no están de acuerdo, y dicen que el Ejército no es mejor que la policía. "La militarización de esta zona es para intimidar a la población", declara Ermelindo Sánchez, líder de la Organización Campesina de la Sierra Sur.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 13 de diciembre de 1996