FUEGO Y BRONCE
Bronce y fuego. Con tales elementos Miguel Ángel Lombardía concibió el monumento a todos los mineros fallecidos en el mundo en accidente laboral, inaugurado el miércoles en Mieres, en el valle hullero de Caudal (Asturias). Una llama de fuego arde desde entonces en su interior como expresión perpetua de solidaridad. La iniciativa de este recordatorio, que quiere ser un reconocimiento a quienes han dado la vida en las profundas galerías a lo largo de la historia de la minería, partió del diario La Voz de Asturias, de Oviedo, 24 horas después de la catástrofe ocurrida en el pozo San Nicolás, en el que una explosión de grisú arrebató la vida a 14 mineros, cuatro de ellos checos, en la madrugada del 31 de agosto de 1995. Una colecta popular recaudó los 20 millones de pesetas que han hecho posible este monolito, fundido en bronce, en el que el torso desnudo de un minero ejemplifica el esfuerzo, el sacrificio y el riesgo. Varios niños, hijos de las víctimas de la tragedia de San Nicolás, prendieron el fuego que arde en su interior, cuyo resplandor se intensificará cada vez que la tragedia vuelva a convulsionar las cuencas.-


























































