La primavera imperial de Sinner, de final en final
El número uno supera a Fils (6-2 y 6-4, tras 1h 26m) y se convierte en el más joven (24) en alcanzar la última ronda de todos los Masters 1000. Zverev o Blockx, su rival


Es uno de esos días en los que el tenis de Jannik Sinner rasga el viento. Armonía pura, movimientos limpios y firmes, pegada de peso pesado. Ese revés viaja exactamente hacia donde lo desea la cabeza pensante del italiano, que llegó a la Caja Mágica hace dos semanas sin tener del todo claro cómo se encontraría —“es el torneo más desafiante por las condiciones, ya veremos”— y que después de cinco rondas de adaptación y perfeccionamiento está en el lugar que pretendía: otra final para él, la cuarta consecutiva, primera en Madrid. De poco le sirve al bueno de Arthur Fils la orgullosa resistencia del segundo set. El joven francés, ganador reciente del Godó, también sucumbe: 6-2 y 6-4, tras 1h 26m.
“Está cayéndole la del pulpo…”, se escucha poco antes en la grada, cuando esa primera ráfaga marca otra vez la línea divisoria entre él, el número uno, y otro de esos chicos que aspiran a adentrarse en un territorio que por ahora les es absolutamente prohibido. Si no es Sinner es Carlos Alcaraz, y si no es Alcaraz es Sinner. Ese es el resumen. Fuera de plano ahora el español, lesionado, el de San Cándido llegó al barrio de San Fermín con la inquitud lógica de cómo reaccionarían su tenis (y también su cuerpo) a un marco tan complejo como este, y la conclusión es evidente: si el triunfo en Montecarlo ya le otorgaba el cartel de favorito en la gira, la ausencia del murciano y el recorrido de estos días lo refuerzan.
Por si había alguna duda, Sinner aprieta: “He intentado ser agresivo. Sabía que iba a ser exigente, así que estoy satisfecho con el nivel de hoy”, dice después de rubricar la victoria, la 350ª de su carrera en la élite y la que, también, redondea un rendimiento excepcional en los Masters 1000. Alcanzada la final en la capital española, desde el domingo ya las habrá jugado todas, las nueve de una categoría que se inició en 1990 —antes conocida como Masters Series— y que hasta ahora solo contaba con los plenos del suizo Roger Federer (con 30 años), Rafael Nadal (27) y el serbio Novak Djokovic (25). A sus 24, el pelirrojo suma y sigue, imparable en esta primavera traducida en un monólogo.
No pierde un partido desde que el checo Jakub Mensik pudo con el en los cuartos de Doha, el 19 de febrero. A partir de esa fecha, una dentellada tras otra: Indian Wells, Miami, el Principado. Y apunta ahora, con 22 triunfos sucesivos y hasta 27 encadenados en los mil, a lograr un repóquer histórico, puesto que nadie ha conquistado cinco trofeos seguidos en la categoría. Se encontrará este domingo con Alexander Zverev o el belga Alexander Blockx —citados esta tarde, a las 20.00—, después de otra exhibición de facultades ante Fils. Ritmo, precisión, jerarquía. Una amplísima superioridad. El galo, esperanza de su país, se marcha conforme de haber arañado esos juegos y se alimenta la sensación: salvo contingencia, la gira insinúa otra vez un desfile militar.
“Está jugando un tenis increíble, con mucha confianza. Golpea la bola muy limpia desde ambos lados. El primer set fue duro para mí… Los números con el saque [solo un 39% de primeros dentro] han sido bastante malos”, señala Fils, de 21 años y 17º del mundo. En crecimiento. “Cuando juegas contra él es diferente. No estaba acostumbrado a este ritmo. Es un campeón y no es fácil. Tengo que jugar más partidos de este nivel”, añade el galo, penalizado por su pobre índice con los segundos (45%). Severo castigo de Sinner al resto, e incontestable el italiano con los primeros servicios: solo se le han escapado tres puntos (21 de 24). Y el domingo, más. Él, dueño del presente y durmiendo a pierna suelta: “Pase lo que pase, habrá sido un gran torneo para mí”.


























































