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Crítica:

Tres maestros

Chano Lobato, José Menese y Enrique de Melchor

Madrid, Círculo de Bellas Artes, 26 de noviembre.

Chano Lobato canta como pidiendo perdón. Es un hombre bueno, humilde y sencillo que -me parece a mí- no acaba de creerse que merece tanto cariño del público, tanto favor de un público que literalmente le adora. Pero en un tiempo como el actual de competencia despiadada nada se regala, y menos a la gente pura, buena, humilde y sencilla como Chano Lobato, que canta como los ángeles.José Menese canta como oficiando un ritual litúrgico. Es un hombre bueno, humilde y complejo que -me parece a mí- asume el cariño de un público consciente de la grandeza y honestidad de su cante, un público que siempre le demuestra fidelidad a ultranza. Tampoco a él nadie le ha regalado nunca nada, porque canta como los dioses.

Enrique de Melchor acompañó a los dos cantaores con su guitarra mágica, y en algunos temas estuvo -me parece a mí- sencillamente genial. Está donde está porque toca la guitarra flamenca tan bien como la haya tocado cualquiera jamás. ¡Chano, José, Enrique, qué tres elementos! Ellos juntos, sí, nos regalaron una espléndida noche, de ésas que nos reconcilian una temporada con el arte. Como debe ser.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 28 de noviembre de 1996

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