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OPA contra la competencia

LA DECISIÓN del Gobierno de que ENDESA lance una OPA (oferta pública de adquisición de acciones) sobre el 75% del capital de Fecsa y Sevillana de Electricidad presenta grandes contradicciones. Su fin es consolidar la posición financiera de la compañía eléctrica pública y mejorar considerablemente los ingresos que se producirán en el momento de su privatización (que, por cierto, se retrasa unos diez meses sobre los plazos anunciados). Pero, para empezar, la producción y venta de electricidad en España quedará estructurada, aún más, como un duopolio de hecho. Iberdrola y ENDESA conformarán dos grandes polos eléctricos en torno a los cuales gira una pléyade notable de negocios -cruces de participaciones financieras, energéticas y de comunicación, básicamente- que configurarán ambas compañías como dos grandes poderes fácticos que deberán tenerse muy en cuenta en los próximos tiempos.Dicho de otro modo, el Gobierno opta por la concentración después de haberse hartado de defender en sus programas y mítines la competencia como instrumento fundamental para fortalecer las empresas, bajar la inflación y favorecer al consumidor. Josep Piqué y su equipo dicen ahora que su objetivo es reforzar la sociedad pública para protegerla -a la empresa y a sus futuros accionistas españoles- de las grandes compañías eléctricas europeas cuando éstas, con la liberalización del sector, puedan irrumpir en el mercado nacional. Habrá que recordar que hubo dirigentes del PP que hablaron de "nacionalización encubierta" cuando ENDESA compró años atrás la participación que actualmente tiene en Sevillana. Con el agravante de que la nueva estructura duopolística quedará prácticamente cristalizada una vez que el Gobierno ponga en marcha la venta al sector privado de su participación en ENDESA.

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El ataque al criterio de la competencia empresarial gana en profundidad al ir en contra de la opinión de la Comisión Nacional del Sistema Eléctrico, el organismo de control que preside Miguel Ángel Fernández Ordóñez, quien ya ha expuesto públicamente su oposición a cualquier aumento de participación de ENDESA en sus filiales. Esta comisión es partidaria incluso de fragmentar las empresas del sector si fuera necesario para garantizar la competencia y evitar el cartel. El conflicto entre el ministerio y la comisión podría enconarse si esta última mantuviese su oposición al aumento de la participación de ENDESA en las grandes eléctricas regionales.

El Gobierno ha optado finalmente por reforzar el precio de venta de la empresa pública, siguiendo una lógica económica impecable: cuanto mayor sea la participación de ENDESA en Sevillana y Fecsa, más se revalorizará en el mercado la acción de la compañía. De hecho, es muy probable que garantizar el 75% del control de estas empresas pueda mejorar la cotización de ENDESA en un 20% respecto a su valor actual. Nada que oponer a esta lógica, propia de un analista financiero, salvo que el Gobierno debería tener también en cuenta otros criterios, además de la cotización de las acciones en la Bolsa. Por ejemplo, el de la rentabilidad para los consumidores, que parece quedar olvidada.

Porque no es la competitividad el único factor ausente en esta operación, la más importante de cuantas se han planteado en el sector público en los últimos cinco años. Su puesta en escena ha vuelto a demostrar la escasa delicadeza del Ejecutivo para tranmitir a la opinión pública el sentido de su decisión. Y así, el ministro de Industria anuncia primero el aumento de participación de ENDESA en Sevillana y Fecsa y posteriormente lo matiza e introduce incertidumbres. La Comisión Nacional del Mercado de Valores tarda en reaccionar y sólo suspende la cotización de las acciones afectadas en el último minuto. El resultado de este despropósito, que fácilmente podría haberse evitado, es que las acciones de Sevillana y de Fecsa le costarán a ENDESA, es decir, en gran parte al Estado, un 8% y un 7% más, respectivamente, que si se hubiera obrado con más rapidez. Rara habilidad la de este Gobierno, que suele encarecer cuanto quiere comprar mientras abarata lo que quiere vender. Lo único que le falta es anunciar una devaluación con 24 horas de adelanto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 18 de octubre de 1996.

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