'Los fallos de organización en regiones claves entorpecen el proceso electoral en Nicaragua

Un antiguo guerrillero reconvertido en predicador y un abogado populista se disputarán mañana la presidencia de Nicaragua. A pesar de sus mensajes edulcorados, las campañas de Daniel Ortega, líder del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSNL), y Arnoldo Alemán, de la derechista Alianza Liberal, han polarizado a la opinión pública. Las ajustadas posiciones mostradas por los sondeos, unidas alos problemas de acreditación y reparto de la documentación electoral, que afectan a regiones claves del país, han tensado al máximo el ambiente.

El panorama debería ser, en principio, optimista. El domingo, Nicaragua celebrará las segundas elecciones realmente democráticas de su historia, atada hasta 1990 por las dictaduras y los enfrentamientos armados.. Ahora hay paz y partidos que brotan como hongos, síndrome inequívoco de toda transición: los poco más de dos millones de votantes podrán elegir al presidente, los diputados, los alcaldes y las corporaciones municipales entre los 33.000 candidatos ofertados por 24 formaciones políticas.De la cuantiosa gama de candidatos, sólo dos, y no precisamente reconciliables, congregan la preferencia del voto: Arnoldo Alemán, ex alcalde de Managua y líder de la derechista Alianza Liberal, y Daniel Ortega, cabeza visible del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), la antigua guerrilla que derrocó al dictador Anastasio Somoza y que gobernó entre 1979 y 1990.

Ambos hombres, sin un programa concreto más allá de las clásicas promesas de crear trabajo y construir hospitales, han adoptado una estrategia de aparente reconciliación para superar los enfrentamientos armados que sacudieron al país durante 12 años y dejaron más de 50.000 muertos, primero en la lucha contra el Gobierno somocista y luego entre el Gobierno del FSLN y la Contra.

A pesar de ello, la guerra de los sondeos, que ha mostrado un panorama muy ajustado, ha tensado las cosas: Alemán cuenta con una intención de voto que oscila entre un 34% y un 46%; Ortega, entre un 30% y un 39%. Para ganar la presidencia en primera vuelta deberán superar el 45% de los votos.En esta situación, cualquier factor externo puede desencadenar la tormenta. Y empiezan a surgir. En primer lugar, de índole organizativa: a pesar de las presiones y de las ayudas internacionales, al menos un 10% de los votantes potenciales ha quedado sin acreditar, debido en buena parte a errores censales. Esto es especialmente grave en los departamentos del norte del país y en la costa atlántica, donde, además, el reparto del material electoral se desarrolla con gran lentitud.

Las suspicacias se suscitan porque precisamente en esas zonas, muy castigadas por la guerra y básicamente antisandinistas, Amoldo Alemán podría obtener una buena ventaja. "La falta de organización es total", comenta un funcionario internacional que prefiere mantener el anonimato. "En este punto no puedes separar los fallos técnicos de lo político, sobre todo cuando está en juego la segunda vuelta. El Consejo Supremo Electoral pretendía anular zonas geográficas enteras aduciendo que no había habitantes. Fue por las presiones internacionales que se hicieron los censos".Junto a ello, la falta de campañas cívicas para explicar cómo votar ha dejado a miles de personas totalmente desasistidas. Y es que no es fácil: son 24 partidos y seis papeletas. La de los canditatos presidenciales, por ejemplo, mide 84 centímetros. La ensalada de siglas es capaz de marear al más experto, y eso en un país, con un 30% de analfabetismo.

Claro que otros factores externos ayudan al orondo Alemán: ahí está si no la homilía del viernes del arzobispo de Managua, Miguel Obando, que recomendó a los cristianos votar con prudencia y tener cuidado con las víboras que "parecen haber cambiado". Y el obispo hizo sus recomendaciones cuando la campaña electoral ya había terminado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 18 de octubre de 1996.

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