Campaña británica en favor de la adopción de embriones abandonados

Grupos 'pro vida' se movilizan para impedir su destrucción

La inminente destrucción -el próximo día 31- de unos 4.000 embriones congelados durante los tratamientos de fecundación artificial llevados a cabo en el Reino Unido en los últimos cinco años ha movilizado a grupos católicos de presión en busca de padres adoptivos para ellos. Life, uno de los más conocidos y mejor organizados, ha pedido también cambios en la legislación vigente, "para que parejas con problemas de concepción puedan hacerse cargo de los embriones sin el consentimiento de sus progenitores genéticos".

El propio Life asegura que más de un centenar de mujeres italianas estarían dispuestas a recibir dichos embriones. En este caso, al papeleo propio de cualquier adopción habría que añadir una fertilización in vitro para que el nuevo hijo. pudiera antes nacer. Varias parejas británicas también han expresado su deseo de "salvar vidas y proporcionarles un lugar seguro", como han señalado, por ejemplo, Stephen y Joanna Thomas, padres biológicos de una niña que tienen, además, un niño adoptado.Para la asociación británica que regula todo lo relativo a la fertilización y embriología humana, ceder estos embriones sin el consentimiento parental no es legal ni ético. "Las parejas estériles aceptan embriones donados como el último recurso para tener un hijo. Si alguna lo solicita la decisión es clínica, pero se toma en virtud de cada caso", han dicho sus portavoces. La barrera ética es esgrimida asimismo por algunos expertos en fecundaciones artificiales. Peter Brinsden, pionero de dicha técnica en el Reino Unido y que trabaja en Cambridge, ha calificado de incomprensible cualquier paso similar. "Es indignante sugerir que pueda haber algo inmoral en estas adopciones. Los padres no tienen derecho de posesión sino de gobierno sobre sus hijos", ha advertido Jack Scarisbrick, presidente de Life.

Las clínicas que deberán deshacerse de los embriones, la mayoría privadas, llevan varios meses intentando localizar a los padres genéticos. Las parejas pierden el contacto, no disponen de fondos para nuevos tratamientos o han olvidado que todavía quedan algunos en sus depósitos.

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