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Entrevista:

La enseñanza privada hace trampa

"Ya se empieza a hablar de que en Cataluña la escuela privada está teniendo más demanda que la escuela pública. La escuela pública en un momento tuvo un gran empujón y, sin embargo, ahora está bajando", dice Victoria Camps. La ex senadora socialista y hoy catedrática de Ética en la Universidad Autónoma de Barcelona plantea una revisión de los males de la escuela pública, tras las declaraciones de la ministra de Educación, Esperanza Aguirre, sobre la posibilidad de incentivar a la privada porque es la que supuestamente prefieren los padres.Pregunta. ¿Por qué falla la escuela pública?

Respuesta. Hay varios grandes problemas para que la enseñanza pública evolucione y se modernice. Uno es que, nuestro sistema es un sistema dual, con escuela pública de verdad y privada concertada, pero esa educación concertada sigue siendo sólo para los que pueden escogerla. Cuando la ministra dice que está claro que lo que hay que favorecer es la escuela privada, hay que decir que eso es acertado si esa escuela está abierta de verdad a todo el mundo. Pero en realidad esto no ocurre porque la privada hace trampa, hincha los precios, selecciona a los alumnos y, por tanto, es un sistema que engaña. Se habla de sistema público pero en realidad no lo es.

P. ¿A qué se deben que no bajen las cifras de fracaso escolar desde hace años?

R. El fracaso escolar (que afecta al 45% de los alumnos de enseñanzas medias) obliga a pensar cómo entendemos la igualdad de oportunidades. Hasta ahora se ha entendido, sobre todo desde la izquierda, que igualdad de oportunidades es que todos los alumnos accedan al mismo tipo de educación y la LOGSE amplía esa educación obligatoria dos años, hasta los 16 años. Pero los informes no dan una igualdad en los resultados, hay niños que no se acaban de formar nunca, el fracaso se da ya desde el principio, y no tienen igualdad de acceso al mundo laboral. Todo esto hay que verlo en el contexto de la reforma necesaria del Estado de bienestar. El problema del Estado de bienestar es que se inclina por un igualitarismo excesivo, porque hay que dar a todo el mundo lo mismo. Pero realmente no es así, no hay que dar a todo el mundo lo mismo, hay que dar según lo que se necesite para escoger el tipo de vida que se quiere.

P. ¿Cómo se podría poner esto en práctica?

R. Hay ejemplos en otros países, se podría hacer una formación profesional que empezara antes, es decir, la educación obligatoria hasta los 16 años; pero no la misma para todo el mundo, sino más diversificada, más selectiva. Es más caro, pero la reforma también está resultando muy cara porque se necesita mucha ayuda personal al alumno que no llega. O sea, que ya se parte del supuesto de que todos los alumnos son iguales, que no todos van a poder llegar de la misma forma al final y lo que se pone son ayudas psicológicas y de refuerzo.

También se ha visto que los niños que fracasan no es porque vayan a una escuela o a otra, sino porque el entorno familiar es conflictivo, inculto, es un status social inferior al de los que triunfan. Entonces, proteger el derecho a la educación no es sólo pensar en la escuela, sino también pensar en todo ese entorno. El objetivo es formar niños que no sólo tengan un título, sino que sean cultos, que sepan moverse, que sepan leer un periódico. Por eso hay cosas que habría que cuidar más, como la educación de adultos y la televisión. Cuando se habla del entorno familiar, seguramente muchos de esos niños que fracasan es porque no tienen más alternativa que ver la televisión al estar en su casa.

P. ¿Qué tipo de profesional se espera del sistema educativo que se propicia?

R. El régimen de funcionariado es anacrónico en la docencia, y lo digo yo que soy funcionaria: anquilosa a los docentes, les impide que tengan iniciativa, que los centros tengan una cierta autonomía, que puedan competir entre ellos, resta agilidad a la docencia pública. Es uno de los problemas que hoy tenemos y me parece muy injusto que en una época en la que el trabajo es tan precario -los contratos fijos prácticamente ya no existen- haya trabajadores con un puesto de trabajo vitalicio. Esto, quizá, en otros lugares de la Administración se pueda justificar, pero en la docencia yo no le veo justificación ninguna.

P. ¿La solución..?

R. Revisarlo. La solución pasa por acabar con ese régimen exclusivo de la enseñanza pública. Se puede hacer de una forma lenta, combinando ambas cosas, porque es lastre que hay que superar. Que los contratos sean de por vida quita ilusión, el funcionario no se puede promocionar porque siempre va a tener el mismo sueldo, trabaje mucho, poco o nada. En cambio, el que tiene un contrato laboral recibe en función de lo que da o hace y eso es más justo: lo que pasa es que tenemos una idea de la justicia o la igualdad muy esclerotizada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de julio de 1996

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