Tribuna
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Cruyff:18 de mayo de 1996

Cuando a finales de abril la directiva del Barcelona acordó prolongar el contrato de Cruyff un año más, utilizamos toda la pequeña filosofía barcelonista que nos quedaba para llegar a la siguiente hipótesis: como no ha habido batalla del pañuelo contra Cruyff, Núñez no se atreve a asumir la responsabilidad de la destitución. Aún quedaba la esperanza de ganar la Liga, una de esas esperanzas matemáticas que como las malas mujeres siempre suelen irse con otro. Pero durante las pocas semanas que median entre el milagroso arreglo entre Núñez y Cruyff y la destitución del 18 de mayo de 1996, la esperanza matemática se había ido con el Valencia y había continuado un exasperante pulso entre Cruyff y la directiva del Barcelona, buscando unos y otros la rendición sin condiciones. Si la directiva pretendía rendir a Cruyff sin condiciones es que de hecho aspiraba a echarle después de haber dado la impresión pública de cargarse de razones, y Cruyff se dio cuenta ya el 25 de abril de que le habían obsequiado con una falsa prolongación de contrato. A cualquier otro se le prolonga el contrato poniéndole condiciones, a Cruyff no, y eso lo sabían tanto el entrenador como Núñez y esos directivos que se han encargado de repartir la leña mientras Núñez ponía la paciencia.Jugaban pues los unos y los otros a dejar desairado al antagonista cuando tuvieran que enseñar las verdaderas cartas. Y esa voluntad de jaque mate sólo se habría ocultado en caso de que el equipo hubiera ganado la Liga; es decir, en caso de que se hubiera reanimado la flor glútea del holandés. Cruyff ha planteado un jaque a la directiva con visión de futuro porque conoce lo difícil que va a ser conseguir un próximo año triunfal y lo fácilmente que saltará la grada ante cualquier catástrofe, recordando aquellos tiempos de las cuatro ligas. En situaciones de catástrofe, las masas recuerdan los días más felices y olvidan las frustraciones. La urgencia de logros y el talante de que habían dado muestras las directivas de Núñez y el propio Núñez hasta la llegada de Cruyff y los triunfos, permite profetizar tiempos azarosos. Tempos que Cruyff contemplará desde su casa de la Bonanova o desde su finca del Vallès a la espera de que el fracaso de Núñez aumente la nostalgia del. holandés nada errante y que esa nostalgia le devuelva, si no al banquillo, sí a la dirección técnica, flanqueando a un nuevo presidente del Barcelona.

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Anoten esta fecha, 18 de mayo de 1996. Ya tiene un sitio dentro de la historía del barcelonismo, pero también puede ser un referente hacia el futuro. A la junta no le queda otra salida que atraerse a los cruyflistas a base de talonario, fichando todo lo fichable para que la grada renueve su esperanza mitómana. De momento, no sólo coloca sobre la bandeja la cabeza de Cruyff, sino también la de Jordi y la de Angoy, corno una demostración de que se ha sacado de encima una hidra de tres cabezas, el clan holandés. Pero todo cuanto haga está a prueba y no por mucho tiempo. Por ejemplo, darle la libertad a Jordi Cruyff va a tener como inmediato contrapunto la actuación de Jordi en el campeonato de Europa y su proyección futura como posible gran figura internacional, fraguada en Barcelona y entregada gratis al mercado europeo. Que tiemblen los directivos si antes del centenario no han ingresado en las vitrinas del Baroça trofeos sustanciales, con Johan Cruyff en la Bonanova y Jordi en la Gloria.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0019, 19 de mayo de 1996.

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