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Diez años de reflexión

Dirigió 21 películas en 20 años. El primer título fue Fantasía, en 1966, y el último La estanquera de Vallecas, en 1986. Entre medias, El sacerdote, Miedo a salir de noche, La mujer del ministro, El pico y El pico II. Los 10 años en los que la heroína le ha mantenido apartado de la realización le han servido a Eloy de la Iglesia de reflexión. "El cine, con esa continuidad con que yo lo hice, puede resultar un tanto alienante y embrutecedor. Es un poco paradójico porque es una actividad intelectual. Estos 10 años me han servido para reconciliarme a mí mismo con el universitario de 20 años que empieza a hacer cine y que deja de ser universitario y se hace cineasta".

Si hay alguien crítico con el cine de De la Iglesia es el propio director. "Se me ha despertado un sentido autocrítico muy grande. Ahora no haría esas películas, ni las haría. como las hice. Sin embargo, entiendo todos los elementos que me condicionaban para hacer ese tipo de cine en ese momento. Quizás es absurdo pretender valorar qué otro tipo de cine podía haber hecho. Ahora básicamente me plantearía otro lenguaje. El lenguaje por el que opté no es el lnguaje por el que optaría ahora. De alguna manera, el lenguaje que empleaba no era el único que dominaba y eso me crea cierto desconcierto. En muchas de mis películas hay upa clara renuncia a contar las cosas como yo podía haber sabido o querido contarlas. En aquella época me parecía que tenía que ser exclusivamente desde una semántica determinada desde la que tenía que hacer las cosas", dice el director.

¿Cómo sería su lenguaje ahora? "No estaría tan obsesionado porque las ideas fueran comprensibles de una forma tan directa como en aquel momento entendía que debían ser. Tenía una auténtica ansiedad porque las cosas fueran comprendidas por amplias capas de gente. He llegado a la conclusión de que las cosas realmente importantes nunca se acaban de contar del todo, ni de entender del todo, ni tampoco importa. Optaría por un lenguaje incitador más que convincente".

Niega que fuera un director provocador -"se convirtió en un elemento comercial aprovechable"-,. porque no cree que exista posibilidad de provocación en. una película

una película es un acto muy individual que va desde dos árbitros de soledad: desde la soledad del que la hace a la soledad del que la ve"- De los temas que trató, la homosexualidad, el aborto, las drogas, dice que ahora algunos de ellos no se podrían tratar por "lo políticamente correcto".

En estos momentos, Eloy de la Iglesia compagina la preparación de una serie de televisión sobre un centro de reinserción de drogodependientes con su colaboración con la Asociación de Deportistas contra la Droga en un futuro proyecto audiovisual.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de mayo de 1996