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LA MAESTRANZA

Novillos de lástima

Eran novillos merecedores de lástima, que es lo peor que le puede ocurrir a un animal supuestamente fiero y salvaje. Novillos de ganadería comercial y prestigiosa, pero inválidos, sosos, mansos, descastados y profundamente aburridos. Así no es posible ni la emoción ni el espectáculo; así, sólo se evidencia la decadencia de esta fiesta que vive momentos tan bajos.Pero, curiosamente, nadie protestó, lo que prueba, además, el preocupante nivel que ha alcanzado la exigencia y la paciencia de una plaza como la Maestranza. 0 será que el público se ha convencido de que ya nunca será posible la emoción del toro bravo.

Nadie protestó por nada; esa es la verdad. Ni por la nefasta actuación de los picadores, auténticos aprendices de matarifes, ni cuando la novillera Cristina Sánchez se atrevió a dar una vuelta al ruedo después de una faena sin interés al cuarto de la tarde. Pero así están las cosas: todo vale, todo se permite, aunque el aburrimiento se convierta en el auténtico protagonista del festejo.

Torrealta/Sánchez, Belmonte, Losada

Novillos de Torrealta, bien presentados, inválidos, mansos y descastados.Cristina Sánchez: pinchazo y bajonazo (ovación); pinchazo, estocada y descabello (vuelta); Gil Belmonte: pinchazo y estocada (ovación); pinchazo y estocada (ovación). Antonio Losada: pinchazo y estocada (silencio); estocada caída (oreja.). Plaza de la Real Maestranza, 12 de abril. Tercera novillada fuera de abono. Menos de media entrada.

Cristina lució

Fue Cristina Sánchez, sin embargo, la que lució a mayor altura; sobre todo, en su primero, al que toreó primorosamente en las verónicas de recibo y en un lentísimo quite por chicuelinas. El novillo se golpeó contra un burladero antes de una vuelta de campana a la salida de un capotazo y ahí se acabó su historia. En la vuelta sólo destacaron algunos templados derechazos y retazos de buen toreo. En el cuarto, muy soso, le faltó profundidad y reposo con un novillo que embestía con la cara alta y escasa clase. A pesar de ello, dio la vuelta al ruedo como si hubiera triunfado.

Gil Belmonte no sobresale, precisamente, por la profundidad de su toreo. Es bullicioso y le sobra voluntad, pero torea con rapidez y escaso sabor. Destacó en las verónicas con las que recibió a sus dos novillos y en alguna tanda con la derecha al quinto de la tarde. La poca acometividad de sus oponentes, no le permitió mayor lucimiento y pasó desapercibido.

Antonio Losada cortó una oreja al sexto, el único que se mantuvo en pie durante la faena de muleta. Aprovechó bien las embestidas del animal y destacó en la ligazón y quietud de varias tandas sobre el lado derecho. En este novillo brilló, además, en unas vistosas verónicas. En el tercero, nada pudo hacer porque el animal se derrumbó en la arena muerto en vida, en plena juventud.

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