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Gente normal

Hay gente que se las arregla para matar o secuestrar sin que por eso deje de emocionarle un niño de primera comunión o una gata de parto. Son personas singulares que logran colocarse por encima del bien y del mal, de manera que les gusta tanto una cosa como otra, y cuando pueden disfrutan de las dos. Algunas matan sólo por la mañana porque prefieren dedicar la tarde a la familia o a dar clases de catecismo en la parroquia de su barrio. Otras se niegan a secuestrar en domingo para no incumplir el precepto religioso del descanso semanal.Lo difícil de matar es conseguir que continúen guardándote el banco en misa de doce y el sillón de cuero en la oficina. Por otra parte, el sentimiento de culpa es a veces tan grande que, aunque te absuelva Setién, tú mismo tiendes a excluirte de una sociedad que crees no merecer. Por eso lo natural es que el crimen conduzca a la marginación. El mendigo asesino de Madrid, cuyo número de víctimas no podrían contarse con los dedos de las manos, pidió al juez que le sacara de Alcalá-Meco y le llevara a un psiquiátrico porque "no podía estar con gente normal". Quizá se, refería a los presos de los GAL y ETA con quienes coincidió en aquella prisión y cuyos muertos no podrían contarse con los dedos de las manos y los pies.

La diferencia es que el mendigo mataba porque sí, mientras que ETA mata por la patria. Cada muerto constituye un paso hacia la tierra prometida, del mismo modo que cada víctima de los GAL nos acercaba a las democracias más sólidas de nuestro entorno. De ahí que los criminales de uno y otro bando sean individuos normales, que después de un secuestro abren una cerveza y se sientan a ver Quién sabe dónde. Otra cosa es que haya personas enfermizas como el mendigo asesino, o uno mismo, incapaces de convivir con la gente normal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 15 de febrero de 1996.

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