Editorial:Editorial
i

Excepción irlandesa

¿QUIÉN SE acuerda hoy en España de las terribles batallas que rodearon, en la última fase de gobierno de la UCD, la legalización del divorcio? Como ahora en Irlanda, los antidivorcistas españoles auguraron una oleada imparable de divorcios que acabaría -o poco menos- con la institución familiar. Hubo muchos divorcios en los primeros meses tras la legalización, en 1981, gran parte de ellos como consecuencia de la regularización de situaciones de hecho pendientes desde años, o décadas, atrás. Pero la cifra fue reduciéndose luego, estabilizándose en límites normales en cualquier país moderno. Es una experiencia que podemos transmitir a los irlandeses, angustiados por la división, prácticamente al 50%, que ha provocado el referéndum sobre la legalización del divorcio celebrado el viernes pasado, y cuyos resultados, favorables a la reforma propuesta por un escasísimo margen, se conocieron anoche.En Irlanda, la consulta se planteaba de manera más dramática aún que en España, dada la vinculación entre el catolicismo y la nacionalidad irlandesa. Esa vinculación hace que su Constitución, la única abiertamente confesional de Europa, recoja expresamente la indisolubilidad del matrimonio. El papel de la Iglesia como guía nacional, algo que en Europa sólo admite comparación con Polonia, ha potenciado la influencia del clero sobre la vida privada de los individuos hasta extremos ridículos (y a veces trágicos: hace tres años, jueces, policía y autoridades políticas se concertaron con las eclesiásticas para impedir que, pudiera abortar una adolescente de 14 años que había sido violada). La "práctica de la religión como política y de la política como religión", a que se refirió Unamuno, encuentra en Irlanda un referente exacto.

Más información

Hace nueve años, otro intento similar de iniciar la legalización del divorcio fue rechazado por dos tercios del electorado. De entonces acá se han producido, sin embargo, varios episodios que han minado la autoridad del clero en materia de moral y costumbres. Por una parte, la reacción estrictamente humanitaria de amplios sectores de la población contra la crueldad que se puso de relieve en ese caso de la niña violada, que hizo que aquel mismo año se aprobase una norma que autorizaba a la mujer, si no a abortar, sí a viajar a otro país para hacerlo. Por otra, los escándalos sexuales, especialmente de pederastia, de obispos y sacerdotes católicos. que se han aireado en los últimos años, y que han hecho que los divorcistas difundieran la consigna: "Deja que los obispos se ocupen de su propia familia: vota sí".

En Irlanda ya existía desde hace algunos años una legislación sobre la separación que regula los criterios de partición de bienes, custodia de los hijos, etcétera. Pero esas parejas separadas, unas 80.000 en todo el país, no podían volver a casarse. Lo que se votó ayer fue una enmienda que revoca el artículo que constitucionalizaba la indisolubilidad del matrimonio. Se trata del paso previo para que el Parlamento pueda regular ahora el divorcio propiamente dicho.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 25 de noviembre de 1995.

Se adhiere a los criterios de
Lo más visto en...Top 50