Tribuna
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La casa mediterránea

Tres son los elementos arquitectónicos en ausencia de los cuales no puede afirmarse de ninguna casa que sea mediterránea. El primero y principal, reconocido por todos los especialistas, es la hogaza de pan abierta sobre la mesa de pino, afianzada por medio de una bandeja con dos tomates de rabo y la botella de vino a contraluz. Es de gran eficacia dinámica que este complejo elemento se encuentre ubicado frente a un ventanal abierto cuya cortina de algodón, hilvanada sobre un leve cilindro de hierro, se mezca hacia el interior por la mañana y hacia el exterior por la tarde debido al cambiante impulso del viento.El segundo elemento es el sillón de mimbre colocado bajo el pino del patio en dirección a poniente. Este sillón bien puede ser substituido por una silla de anea siempre que la permanencia del usuario en este mundo esté garantizada por un razonable número de años. En todo caso, es imprescindible que junto al sillón o silla haya una mesa baja con tres o cuatro libros, uno de ellos con las hojas batidas por la brisa. Puede también insertarse el módulo "botella" del complejo anterior, siempre que ahora no aparezca a contraluz sino a la fresca.

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Tercer y último elemento es el emparrado de viña virgen que puede considerarse instalado a partir del quinto año, cuando ya se hace necesario proteger algunos racimos con gasa blanca, en tanto que el resto se abandona a las avispas, las abejas, los moscardones y demás auxiliares sonoros.

La casa mediterránea, como es natural, sólo puede habitarla gente con un marcada conciencia de su escasa importancia. De no ser así, la casa mediterránea se transforma en Unidad de Turismo Rural. Algo verdaderamente muy distinto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0023, 23 de noviembre de 1995.

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