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Tribuna:
Tribuna

Redford

Sin duda, ando, corta de miras; pero a lo único que aspiro, verdaderamente, es a tener siempre, incluso en medio de las peores vicisitudes, los ánimos de un líder político en noche de elecciones a la hora de valorar los primeros sondeos. Les pongo a continuación un ejemplo práctico:Locutor: Parece que esta noche tampoco la llamó Robert Redford. ¿Cómo lo ve?

Servidora: La noche es joven, caballero. Y, además, en su rancho de Sundance es ocho horas más pronto.

Locutor: Sí, pero lleva 52 años sin llamarla.

Servidora: Nosotros, es decir, yo, no nos fiamos de los primeros sondeos y mucho menos de las apariencias. Éste silencio aparentemente largo sólo significa que es tímido y está pensándoselo. Ese voto, o llamada, meditado y remilgoso, es, lo que vale.

Locutor: ¿Cómo juzga el hecho de que haya telefoneado a (aquí, el nombre del partido o lagarta rival) para quedar a tomar unas copas?

Servidora: !Rumores!. Le recuerdo que en el 92 también pareció decidirse por X, y que, al final ni para ella ni para mí.

Locutor: ¿Quiere eso decir que, pese a los sondeos, sigue usted conservando la esperanza?

Servidora: Desde luego. Mire lo preparadita que vengo, observe la ropa interior, las piculinas del sujetador. No le digo más.

Locutor: ¿Quiere añadir algo?

Servidora: Aprovecho para felicitar a Robert Redford por el alto grado de civismo demostrado al acudir masivamente a las urnas.

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