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Crítica:
Crítica

Pretextos para la improvisación

Como rezaban las previsiones, el público asistente tenía más de 30 años y toda suerte de recuerdos comunes, en los que la figura de Vanelli era pieza importante. Sin embargo, se encontró a un ídolo que parece haber renunciado a las trilladas sendas del pop, a cambio de una profundización en los más complejos vericuetos de la experimentación jazzística.Vanelli sigue conservando un porte envidiable, unas maneras de crooner a la antigua -un poco bastante horteras- pero, sobre todo, una voz dúctil, profunda y aterciopelada. Además sabe rodearse de músicos impresionantes, a los que dirige con mano férrea. El resultado, no obstante, supuso que sus canciones trocáranse en pretextos para un juego instrumental de desafíos en los que la improvisación fluía como una corriente misteriosa y ciertamente aburrida.

Gino Vanelli

Gino Vanelli (voz), Otmaro Ruiz (piano), Monte Croft (vibráfono), Phil Dwyer (saxo, flauta y clarinete), Paul Brocho (batería) y Phil Beaker (bajo). Sala Aqualung. 2.500 pesetas. Madrid, 13 de noviembre de 1995.

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