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Crítica:CINE: 'ASESINOS'

Stallone contra Banderas

Finalizada la guerra fría, desaparecido el muro de Berlín, casi al mismo tiempo que las películas norteamericanas de elevado presupuesto y mucha acción se convierten en simples historietas gráficas con grandes dosis de violencia y poca intriga, sus protagonistas pasan a ser personajes de una gran simplicidad, sin aparente ideología, que se enfrentan por el placer de apretar el gatillo a sus cada vez más sofisticadas armas automáticas.Esto es lo que, una vez más, ocurre en Asesinos, planteada como un largo, inacabable, enfrentamiento entre el especialista Sylvester Stallone y el recién llegado Antonio Banderas. La única novedad es que los contendientes reciben las órdenes a través de un ordenador, que llega a adquirir las características de un cuarto personaje, y el personaje femenino, sobriamente encarnado por Julianne Moore, sólo es una barrera entre un Stallone y un Banderas muy cogidos a sus respectivas pistolas.

Assassins

Director: Richard Donner.Fotografía: Vilmos Zsigmond. Música: Mark Mancina. Estados Unidos, 1995. Intérpretes: Sylvester Stallone, Antonio Banderas, Julianne Moore. Estreno en Madrid: Callao, Roxy A, Velázquez, Liceo, Ciudad Lineal, Acteón, La Vaguada, Excelsior, Aluche, Colombia, Canciller y Cristal.

Película número 16 del veterano realizador Richard Donner, especialmente conocido por el primer Superman y la serie policiaca Arma letal, está rodada de la manera más anodina posible, con un exceso de primeros planos, como si se tratase de un lujoso telefilme, dejando que Stallone no haga una sola mueca, mientras Banderas cada vez se desmelena más.Tras una larga y prolija primera parte, rodada en las ciudades de Seattle y Portland, carente de cualquier atractivo, la última parte de Asesinos, casi una hora de película, transcurre en San Juan de Puerto Rico, en un viejo hotel a punto de desmoronarse.

El realizador Richard Donner recarga sus muy gastadas baterías, se encierra con sus tres actores en un viejo hotel que se deshace al paso de sus simplísimos personajes y plantea una peculiar escena amorosa a tiro limpio entre el frío Stallone y el caliente Banderas, que sólo finaliza cuando una celosa Julianne Moore le pone punto final. Sin embargo, la inacabable primera parte pesa como una losa sobre el conjunto, y la más atractiva segunda parte no logra levantar la aburrida historia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 11 de noviembre de 1995