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MAGNICIDIO EN ISRAEL

La oposición nacionalista se mantiene a la defensiva tras el magnicidio

V. C.La oposición nacionalista de derechas concentrada en la coalición Likud se mantiene a la defensiva tras el asesinato de Isaac Rabin mientras varios comentaristas israelíes consideran que la desaparición del primer ministro afectará negativamente al proceso de paz. Sólo Rabin podía asegurar que las concesiones territoriales a los palestinos o incluso a los sirios no afectarán a la seguridad de Israel. Simón Peres, a pesar de una recuperación reciente de su popularidad, no tiene el aura de credibilidad con la que contaba Rabin, en temas de defensa.

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Éste es el motivo por el que a Peres le será más difícil que a Rabin continuar el proceso de paz. En el entorno de Yasir Arafat se plantean las mismas cuestiones. Peres "comprende mejor" a los palestinos que Rabin, pero éste, una vez convencido, sabía cómo hacer aceptar sus decisiones por el Gobierno y el Parlamento. ¿Tendrá Peres la misma fuerza? Jasan el Jatib, que fue miembro de la delegación palestina en las negociaciones de Washington, teme por el proceso de paz, que, en su opinión, se va a ralentizar. Israel entra, mientras tanto, en un periodo de inestabilidad interna que no puede sino perjudicar al proceso de paz", asegura.Sin embargo, otros analistas estiman que la negociación no se verá afectada y podría incluso acelerarse con Peres. Primeramente, la derecha nacionalista y religiosa ha encajado un duro golpe y sale debilitada tras el asesinato de Rabin por un estudiante religioso conocido por sus puntos de vista ultranacionalistas, Varios portavoces de los colonos judíos, punta de lanza de la. oposición nacionalista, lo admiten abiertamente.

La oposición nacionalista está a la defensiva. Todos sus dirigentes, desde Benjamín Netanyahu al Consejo Central de Colonos Judíos, condenan sin reservas el asesinato de Rabin. A partir de ahí, tienen dificultades para rechazar las acusaciones de varios ministros y diputados laboristas de que la "campaña irresponsable" de la derecha contra el Gobierno y el primer ministro creó un clima de odio en el que todo, incluso lo impensable, era posible. "No hubo más que un asesino", dice el ministro Yosi Sarid, "pero los que incitaban al asesinato tratando a Rabin de traidor eran muy numerosos". "Debemos hacer examen de conciencia" admite Aaron Domb, portavoz de la dirección de los colonos judíos.

Netanyahu, líder del Likud, es consciente de encontrarse en una posición de inferioridad. De ahí sus declaraciones conciliatorias y, sorpresa, la proclamación de que el Likud no se opondrá si el presidente Ezer Weizman confía a Simón Peres la tarea de formar un nuevo Gobierno- laborista-izquierdista.

Mientras, Peres está a la cabeza de un Gobierno de transición al que la ley confiere todos los poderes de uno ordinario. Ya ha hecho saber que continuará la política de paz de Rabin. No es tampoco imposible que Peres decida adelantar las elecciones para aprovechar el clima contrario a la derecha creado por el magnicidio, en la esperanza de mejorar la representación laborista en la Kneset.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de noviembre de 1995

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