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Cartas al director

La sinrazón

David Martín encontró la muerte a los 20 años en Arganda, un pueblo de la Comunidad de Madrid, a manos de un grupo de jóvenes de su misma edad.¿Cómo se les puede catalogar? Desde luego, son genuinos exponentes de la sinrazón de nuestra sociedad. Ahora bien, ¿quiénes son mejores representantes de esta locura, ellos o el juez y el forense de guardia que se negaron a autorizar el trasplante de los órganos de David alegando que la intervención podría "interferir en el desarrollo del sumario?"

¿Cómo explicarle al enfermo del hospital Doce de Octubre, al de Valencia o al de la clínica Puerta de Hierro que el corazón, los pulmones y el hígado que podrían salvarle la vida van a pudrirse a dos metros bajo tierra en beneficio de la agilización de unos trámites burocráticos, máxime cuando la justicia española deslumbra precisamente por lo contrario?

¿Cómo explicarles a los padres de David que esta sociedad, además de llevarse la alegre juventud de su hijo, rechaza su valiente y honrosa actitud de intentar salvar la vida de otras personas?

Sin duda algo no funciona. Imagino que todos tenemos parte de culpa, pero desde aquí rogaría a todo aquel que tenga alguna posibilidad de poner freno a esta demencia que ponga todo su empeño en ello. Todos los implicados en este caso (la sociedad entera) le estaríamos muy agradecidos.-

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