Sin acuerdo sobre la reforma

El otoño de 1995, el 50º aniversario de la ONU iba a ser el momento oportuno para que sus 185 miembros se adapten a la organización para hacer frente a los retos de la posguerra fría. La reforma pendiente sólo será, sin embargo, evocada en los discursos que pronunciarán los mandatarios con motivo del cumpleaños de la organización, y todavía falta tiempo para que se empiece a concretar.Los 150 jefes de Estado y de Gobierno que han anunciado su presencia en Nueva York a finales de octubre adoptarán una declaración solemne sobre el futuro de la organización, redactada por un comité integrado por representantes de un centenar de países.

La vaguedad del texto se explica porque hasta ahora sólo hay consenso entre los miembros de la ONU sobre la necesidad de ampliar a más de 15 países -cinco permanentes, don derecho de veto y diez provisionales por periodos de dos años- el Consejo de Seguridad, la máxima instancia de la organización. Este aumento es a la vez el cogollo y el cuello de botella de la reforma proyectada.

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Tres proyectos

De forma un tanto esquemática, tres son las tesis que imperan. Japón y Alemania ambicionan ocupar un escaño permanente en ese órgano.Los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (EE UU, Rusia, China, Francia y el Reino Unido) apoyan con algunos matices su reivindicación.

Frente a ellos, un grupo encabezado por Italia, y del que forma parte España, preconiza aumentar en ocho o diez el número de miembros del Consejo, pero sin crear ningún escaño permanente. Entre 24 y 30 Estados considerados como potencias intermedias, entre los que se cuentan ambos países latinos, se rotarían en esos nuevos puestos.

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El proyecto italiano podría ser una alternativa a la baja para varios países del Tercer Mundo que, por ahora, sueñan con sentarse de forma permanente en el Consejo de Seguridad. En Latinomaérica Brasil fue el primero que formuló tal pretensión, pero México comparte ahora esa aspiración. En Asia, India, Pakistán e Indonesia acarician esa misma idea. La Organización de la Unidad Africana ha pedido, por último, dos escaños, para los que ha mencionado a tres candidatos: Egipto, Suráfrica y Nigeria.

Enmendar la Carta de la ONU es un proceso complicado que requiere consensuar primero las modificaciones en el grupo de trabajo, aprobarlas por una mayoría de dos tercios en la Asamblea General y su posterior adopción por el Consejo de Seguridad. De ahí que los más escépticos duden que la reforma vea finalmente la luz antes de principios del siglo próximo.

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