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Reportaje:

La ONU cumple 50 años al borde de la quiebra

La mayoría de los miembros de las Naciones Unidas deben dinero a la organización, empezando por EE UU

Acaba de cumplir 50 años y ya está moribunda. La celebración de su medio siglo de vida puede convertirse en una velada fúnebre. "La más grave crisis financiera en la historia de las Naciones Unidas ensombrece su 50º aniversario", afirmaba recientemente ante la ONU Ale Alatas, el titular de Asuntos Exteriores de Indonesia. Días antes, su homólogo británico, Malcolm Rifkind, compartía su alarmismo: "Sin una acción enérgica por nuestra parte, nos enfrentamos al colapso de la ONU ( ... )".Para celebrar su cumpleaños o para rezar un responso, lo cierto es que los jefes de Estado y de Gobierno de 150 países, sobre un total de 185 estados miembros, han anunciado que acudirán al célebre rascacielos de cristal de Nueva York en la última semana de octubre. El norteamericano Bill Clinton abrirá la ronda de discursos desde una tribuna de oradores en la que se sucederán Boris Yeltsin, Jacques Chirac, Felipe González y Fidel Castro, entre otros.

La exhausta organización ha hecho un último y sorprendente esfuerzo adquiriendo para la ocasión kilómetros de alfombra roja. Pero el estado de decrepitud de la sede de Manhattan no dejará lugar a dudas soIbre la mala racha que atraviesa tras un periodo de euforia cuando salió del letargo gracias a la descomposición de la URSS.

Las semanas más intensas de la reunión anual de la Asamblea General de la ONU, a finales de septiembre y principios de octubre, han supuesto un anticipo de la próxima fiesta de cumpleaños. Hubo entonces un -acusado por la crisis financiera, Estados Unidos, y un grupo de acusadores encabezado por la Unión Europea (UE) y en el que figuraban casi todos los demás países occidentales.

A la ONU, 185 de sus miembros -sólo 70 están al día de sus pagos- le deben nada menos que 3.700 millones de dólares (455.000 millones de pesetas). Treinta y nueve Estados, generalmente del Tercer Mundo, no le han abonado ni un dólar de sus contribuciones del año pasado, pero su principal deudor no es un país pobre, sino Estados Unidos. Su débito ronda, según cifras del Departamento de Estado, los 1.400 millones de dólares (172.200 millones de pesetas).. De esa cantidad, el 67% corresponde a su aportación a las operaciones de mantenimiento de la paz y el resto a su cuota del presupuesto, ordinario. Los otros grandes morosos son Rusia, Ucrania, Brasil.

Los pagadores más puntuales al presupuesto ordinario son los occidentales, y por eso no dudaron en sacarle los colores a los representantes norteamericanos. El jefe de la diplomacia españo la, Javier Solana, pidió en nombre de los Quince sanciones para los Estados que incumplan sus compromisos financieros con la ONU, que, de hecho, está siendo costeada al 50% por la UE.

Su colega del Reino Unido fue más preciso al sugerir que se aplique un artículo del reglamento que suspende de voto en la Asamblea a los países cuya deuda equivalga a dos años de contribución ordinaria y que se extienda además esta norma a los retrasos similares en financiar las operaciones de mantenimieni,d de la paz. Si prosperase esta propuesta, algo harto improbable, Ucrania habría perdido ya su derecho al voto y a EE UU podría sucederle otro tanto a finales de año.

Otro anglosajón, el ministro australiano Gareth Evans, replicó al secretario de Estado norteamericano, Warren Christopher, que exigió a la ONU que recorte su burocracia, acabe con el derroche de dinero y se lo piense dos veces antes de emprender una nueva operación de paz. Le recordó Evans que las Naciones Unidas y sus agencias especializadas emplean a tan sólo 61.400 personas, 4.000 menos que los parques temáticos de Disney en EE UU y tres veces menos que la cadena de comida rápida McDonald's.

El "supermendigo universal", como se describe a sí mismo el secretario general de la ONU, Butros Butros-Gali, ha ido poniendo parches para hacer frente a las crisis. De aquí al mes próximo, habrá desviado 300 millones de dólares (37.000 millones de pesetas) de su presupuesto para mantener la paz al de gastos ordinarios.

Así podrá ir pagando sueldos y facturas de agua y luz de sus diversas sedes, pero, paralelamente, la ONU ha dejado de reembolsar 900 millones de dólares (111.000 millones de pesetas) a los países que han puesto a su disposición 70.000 cascos azules repartidos en 18 operaciones, en-" tre las que destacan las de la antigua Yugoslavia, con sus 46.000 hombres, que cuestan 600 millones de pesetas diarios.

Los apaños de Butros-Gali no hacen muy felices a los Gobiernos con tropas sobre el terreno que "soportan la carga de la deuda", se lamentaba Malcolm Rifkind. "Esta situación no puede prolongarse", advirtió. Una de las razones de la próxima reducción en 250 hombres del contingente español.en Bosnia-Herzegovina son precisamente los impagos de las Naciones Unidas.

Para rellenar sus arcas, el secretario general había pensado también en solicitar un préstamo al Banco Mundial, una de las pocas instituciones de las Naciones Unidas que goza de una relativa prosperidad gracias a unos beneficios de 1.350 millones de dólares (166.000 millones de pesetas). James Wolfensohn, el presidente de la entidad bancaria, ha dado, sin embargo, a entender que sus estatutos no le permitían tomar este tipo de iniciativas.

La solución a los quebraderos de cabeza de Butros-Gali pasa fundamentalmente porque EE UU salde una deuda que empezó a crecer en tiempos del presidente Ronald Reagan, que George Bush logró reducir, pero que se ha vuelto a disparar con Clinton. Pero ni siquiera el jefe de Estado norteamericano posee la fórmula máigica para sacar a la ONU del atolladero financiero, porque el Congreso libra desde hace años una batalla para recortar la contribución de EE UU.

Desde el 1 de octubre, por ejemplo, la mayoría legislativa republicana ha impuesto una rebaja. del 6% en la contribución norteamericana á las operaciones de preservación de la paz, a las que EE UU sólo aportará ahora el 25% de su presupuesto, el mismo porcentaje que al presupuesto ordinario de las Naciones Unidas.

Para convencer al Congreso de que sea menos rácano a la hora de autorizar los desembolsos es, sin embargo, necesario que la ONU aligere algo su burocracia, recorte el número de sus cascos azules, sobre todo, reduzca la cuota norteamericana por debajo del 25%, porque en el medio siglo transcurrido desde la creación de la organización el peso de la economía de EE UU en el conjunto mundial ha disminuido considerablemente. Una propuesta sueco-británica que ajusta las contribuciones al producto nacional bruto de cada Estado miembro podría ser la solución.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 15 de octubre de 1995