¿Cuento chino?
Una nace al morir la dictadura y se le educa inmersa en una justa democracia en la que oye hablar por todas partes de las maravillosas libertades conquistadas durante la transición, que aseguran a. España como un joven Estado de derecho donde el fascismo y la intransigencia son ya palabras para el recuerdo.Y, sin embargo, de vez en cuando suceden cosas como lo que nos ocurrió a un compañero y a mí en la madrileña comisaría de la calle de Huertas hace unos días.
Esas cosas nos hacen preguntarnos si no nos habrán metido: un cuento chino o si es que todos viven engañados.
Lo que ocurrió es que nos dirigimos a denunciar la sustración de una cartera y, tras unos veinte minutos de espera, no pudimos disimular nuestro asombro cuando un policía se dirigió a voces hacia nosotros y empezó a recriminarnos.
Yo estaba preocupada por lo del robo y, sentada en las rodillas de mi compañero, él me consolaba. Al policía le pareció aquello indecoroso y nos gritó que aquello era una comisaría y que o nos sentábamos como Dios manda o nos largábamos de allí.
Nosotros obedecimos mirando a aquel señor con porra y pistola llenos de asombro, pero nuestra mirada no debió gustarle porque, olvidando la cabeza fría que debe tener alguien de su profesión, volvió a gritarnos en el lenguaje más chabacano que sino nos gustaba aquello nos fuésemos que él no tenía por qué aguantamos.
Mi compañero se limitó a pedirle un poco más de respeto y educación, y otro tono para dirigirse a nosotros, a lo que él, contestó con soma: "¿Queréis que os dé un beso en la frente?".
Yo, mientras, me preguntaba si, una vez suprimida la libertad de sentarse como uno quiera, no quedaba al menos la de pensamiento, para poder reflexionar acerca de aquel individuo y de su actitud; y también la libertad de expresión, para que en aquel banco mi amigo y yo pudiésemos decimos libremente que aquello, más que triste, era lamentable y que actitudes fascistas, como la de ese agente del orden, hacen que aún no esté superada esa España de la intolerancia.- Alicia García García y Pablo Ferrero Gómez.
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