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La vida dentro del útero

El feto es receptivo a los estímulos del exterior, sobre todo a la afectividad materna

MAYKA SÁNCHEZ, Froto, froto, froto; pico, pico, pico; palmoteo, palmoteo, palmoteo. Estas simples palabras corresponden a una cancioncilla que cada día una mujer embarazada entonaba para su futura hija, a la vez que sus dedos bailoteaban, sobre su abultado vientre según el significado de cada uno de los tres verbos de la curiosa melodía. María Ángeles intentó esta corta canción siguiendo el consejo de su ginecólogo, en las clases de educación maternal.

Ella no podía imaginar hasta qué punto su pequeña era receptiva al mensaje materno, pero sí tuvo la suerte de comprobarlo tiempo después, cuando María ya contaba tres años. "Yo estaba de nuevo embarazada y le dije a la niña: 'Vamos a jugar con tu hermanito'. Empecé a tararear el froto, froto y a acariciar suave y firmemente mi tripa. Enseguida la niña siguió cantando ella sola la canción, cuando a mí jamás me la había oído".

Algunos expertos aseguran que la etapa prenatal es la más feliz del ser humano. Los más escépticos matizan la aseveración aludiendo que es imposible precisarlo, puesto que nadie puede recordar ese periodo y porque no se sabe cuándo el feto empieza a adquirir conciencia de lo que sucede en su existencia.

Como explica Claudio Becerro de Bengoa, jefe de la unidad de preparación al parto del hospital Gregorio Marañón de Madrid, los primeros estímulos del bebé durante la gestación proceden de la madre. "Aunque es difícil precisar desde qué momento el feto es receptivo", dice, "pensamos que a partir de la sexta semana del embarazo él capta los ruidos rítmicos que le rodean y que le resultan agradables, como los movimientos del líquido amniótico o el latido del corazón de su madre".Se ha comprobado en algunos recién nacidos que si, al llorar, se les apoya sobre la madre en la zona próxima al corazón, el pequeño se serena porque recuerda su vida intrauterina. La misma reacción por parte del bebé se ha dado cuando en una cinta magnetofónica se ha reproducido el ambiente acústico del útero.

Nina López Falagán, matrona y directora del centro de educación maternal La Inmaculada, de León, considera que aproximadamente desde la duodécima semana de gestación el feto empieza a ser receptivo a los estímulos emocionales de la madre: aprende a reconocer su voz y a distinguir si se dirige a él y le habla con dulzura o no; aprende a captar si está angustiada, estresada o serena, y aprende a sentirse amado o rechazado según las reacciones maternas hacia él.

"Es fundamental que le hable", explica, "ya que por la voz el feto percibe la afectividad de la madre. Que le diga cualquier cosa, lo que le salga del alma, pero que le hable con cariño y atención pensando que su hijo la está escuchando".

Marina Redondo, de 30 años y madre de un hijo de dos, cuenta que en el séptimo mes de embarazo tuvo que ser sometida a una operación de apendicitis. "Mi ginecólogo", añade, "me recomendó que hablara mucho con el niño para que estuviera feliz en el útero y no se me adelantara el parto por la intervención".

La segunda figura en importancia es la del padre. A él también le escucha durante la gestación e igualmente distingue el tono de sus palabras. Para que el bebé pueda recibir los sonidos del exterior, siempre a través del vientre materno, es conveniente dirigirse a él a una intensidad ligeramente superior a la empleada normalmente al hablar.

Los ruidos o voces ambientales son más difíciles de percibir por el feto, ya que el útero constituye una perfecta cámara de aislamiento. Sin embargo, sí es capaz de captar algunas vibraciones, como fue el caso de Matilde Cornejo, de 29 años, que, embarazada de ocho meses, tuvo que salirse de un concierto de rock.

Musica armónica y suave

Becerro de Bengoa recomienda que el feto escuche música: "La percibirá desde el vientre de la madre si ella la escucha por encima de 60 decibelios o también si se pone unos cascos en la tripa. Hará que el niño cuando nazca sea más tranquilo y sereno. Y se podrá recurrir a esta misma música para calmarle cuando llore".

Sobre este aspecto López Falagán considera que la elección del tipo de música es muy personal y puede ser clásica o moderna, pero siempre ha de resultar armónica y suave, lejos de estridencias y brusquedades".

Las actuales teorías de educación maternal, que parten de los años treinta y de las escuelas inglesa (con Read) y rusa (con Velvoski, Nicolaiev y Chertok, que se basaron en Paulov), sostienen que un feto que se ha sentido amado y mimado nacerá con más peso, comerá y dormirá bien y su sistema inmunológico o defensivo estará más desarrollado, por lo que será más fuerte frente a las enfermedades. Y van mucho más allá al afirmar que esos niños serán más alegres, pacíficos y equilibrados.

"Los que trabajamos en este campo e investigamos y nos apasionamos con él, creemos en estas teorías que para algunos pueden parecer ciencia ficción. Es importante ser muy cauto al valorarlas, ya que algunas de ellas están basadas sólo en observaciones y carecen de una constatación científica", advierten Becerro de Bengoa y López Falagán.

Contra la maldición bíblica

"Las contracciones uterinas se asocian tradicionalmente a la sensación de dolor. La religión y la cultura se han encargado, siglo tras siglo, de que así fuera. Las civilizaciones, primitivas o tribales, en las que no existen divinidades o apenas tiene relevancia la religión, se concibe el parto como algo absolutamente fisiológico y que acontece sin dolor", explica el doctor Claudio Becerro de Bengoa.En el mismo sentido se pronuncia la matrona Nina López Falagán. "La tranquilidad de la madre y el conocimiento de lo que va a vivir son fundamentales para el bebé en el momento del parto. Si la madre está relajada, afrontará la situación pensando también en el trance que tiene que pasar su hijo y podrá darle cariño. Para el niño, el nacimiento es un momento muy duro. Siente que el úter6 le rechaza porque ya ha cumplido su función de darle cobijo mientras se desarrolla; siente que se va a separar de su madre y que tiene que pasar por un canal muy estrecho que le supondrá un gran esfuerzo. Si nota que la madre le ofrece su amor en esos momentos tan críticos, todo le resultará más fácil".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 25 de septiembre de 1995

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