52º FESTIVAL DE VENECIA

"Los héroes son personas normales que hacen las cosas justas en el momento preciso"

"Haber ganado dos oscars no me ha servido de nada cuando vomitaba en una de esas parábolas diabólicas que hacíamos sobre el golfo de México para filmnar la ausencia de gravedad". Tom Hanks todavía palidece en Venecia cuando recuerda las náuseas que ha tenido que soportar durante el rodaje de Apolo XIII, una película que refleja la aventura espacial fallida del peor vuelo de la NASA en 1970.

"Yo no creo que la conquista de la Luna no sirviera para nada" afirma Hanks. "Siempre he sido un apasionado de la epopeya espacial. Cuando me enteré de que Ron Howard planeaba llevar al cine la accidentada misión del Apolo XIII, me ofrecí voluntario para participar en el proyecto, aunque no fuera para mi el papel de protagonista".

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El actor americano consiguió finalmente el papel. La larga amistad de 12 años entre Hanks y Howard, iniciada coriel rodaje de Splash, fue decisiva. "Cuando lo del Apolo XIII, yo tenía 13 años. Una bonita coincidencia, porque nunca he creído en la maldición del 13. Y tal como va la película, parece que con nosotros tampoco se ha cumplido. En aquellos días yo salía de la escuela y corría a casa para no perderme la transmisión de la NASA. Por supuesto que la nitidez de las imágenes no era tan buena como la de hoy. Apenas lográbamos escuchar a los astronautas", dice Hanks.

La fama

El actor reflexiona a menudo sobre lo que significa la fama en su mundo: "Los héroes son personas normales que hacen las cosas justas en el momento preciso, Como decía Andy Warhol, la fama dura 15 minutos. Yo digo ahora que no dura ni siete y medio. En cuanto a mí, que tengo casi 40 años, trato de mirarme lo menos posible en el espejo. Si debo estudiar una nueva cara para un papel, dejo que sea el director quien lo haga", admite Hanks entre risas.En Apolo XIII, Tom Hanks interpreta el personaje de Jim Lovell, el astronauta que miró dos veces la cara de la Luna sin poder llegar a pisarla. Hanks ha pasado largos ratos con Lovell hablando de sus experiencias. "Para mí, él es más que un triunfador", afirma el actor, "es tremendamente interesante, porque rozó la Luna con la punta de los dedos pero no pudo tocarla, ¿no es lo que en el fondo nos pasa a todos?".

Hasta 1960, los astronautas norteamericanos fueron la imagen perfecta de la estabilidad emocional y la felicidad conyugal. Era la cara más sana de América. Cuando la aventura espacial comenzó a declinar se produjo el primer divorcio. "La primera separación de un astronauta tuvo lugar ese año. Fue una noticia espectacular. Luego vino la oleada de divorcios. Algo normal, porque el entrenamiento espacial requiere hasta 18 horas diarias de dedicación. Tanto Lovell como Haise mantienen hasta hoy sus matrimonios intactos. Y es que ellos, al igual que yo, creen profundamente en la familia como proveedora insustituible de estabilidad emocional", afirma Hanks.

Cuando Lovell supo que sería Tom Hanks quien reviviría su historia, no pudo reprimir un cierto sentimiento de melancolía, "porque a partir de ahora las nuevas generaciones recordarán la cara de Hanks en vez de la mía".

El mundo del rock es el nuevo reto que espera a Hanks, recién llegado de la Luna. En su próxima película interpretará el papel de un rockero de los años sesenta en una banda imaginaria.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0002, 02 de septiembre de 1995.