Cogida grave de Manolo Cortés
Moreno / Cortés, Mejías, García
Toros de Alonso Moreno, con trapío, cuajados, mansos y flojos. 1º y 3º, inválidos. Manolo Cortés: bajonazo (pitos), cogido por el 4º. Sánchez Mejías, que confirmaba la alternativa: bajonazo y dos descabellos (silencio); media perpendicular (algunas palmas); pinchazo sin soltar, estocada y tres descabellos (silencio). Juan Carlos García: media tendida y estocada desprendida atravesada (palmas); estocada corta tendida, pinchazo hondo, media desprendida y tres descabellos (ovación). Enfermería: Manolo Cortés fue cogido por el cuarto toro que le hirió de pronóstico grave en la pierna izquierda.
Plaza de Las Ventas, 30 de julio. Un tercio de entrada
A la tragedia no le asustó el embudo de plomo candente que era ayer Las Ventas y se le presentó a Manolo Cortés, herido grave en la pierna izquierda tras perder el capote junto a las tablas del 10 y quedar a merced del cuarto bicorne. Este le derribó y, tras voltearle, lo prendió del pitón durante unos eternos segundos para zarandearle las entrañas de la pierna y tirarlo como a un pelele junto al estribo. Allí acudieron raudo varios compañeros que lo recogieron, demacrado y roto, y lo llevaron a la enfermería mientras la sensación de cogida muy fuerte se adueñaba del impresionado cotarro.Y así fue, ya que el pitón le ha partido el muslo de arriba a abajo, con dos orificios de entrada y dos de salida, dos trayectorias -una de 40 centímetros y otra de 20- y grandes destrozos musculares que le apartarán de su profesión varios meses, según el doctor García Padrós. El burel agresor, de nombre Estudiante, aprendió latín y griego, se enseñoreó del ruedo y sólo el subalterno Pedro Santiponce le echó el arrojo necesario a la hora de colocarle los rehiletes. Después el malage se transmutó en el último tercio y mostró cierta dócil calidad, pero Sánchez Mejías, animoso y preventivo, no se acopló. Tampoco lo hizo con su lote, ni el triste protagonista del percance con su enemigo inicial.
Sin embargo, el comportamiento de la corrida, a excepción de los inválidos primero y tercero -que el presidente Sánchez, como es habitual en él, mantuvo en la arena- fue de interés dentro de su mansedumbre. Salían abantos y barbeantes, pero su aspereza se iba diluyendo e incluso ofrecían alguna posibilidad de éxito a los coletudos. Aunque quizás necesitaban espadas de una línea más poderosa y menos artística. Como Juan Carlos García, que aunó valor, técnica y oficio. Sobre todo en su segundo al que aguantó y obligó a seguir su flámula en deleitosas suertes.


























































