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Crítica:POP
Crítica

Orgia de tambores

Bolas de fieltro cayendo infatigables sobre parches de cuero de tambores pintados de negro, verde, amarillo y rojo, colores de una bandera panafricana: Olodum, palabra yoruba que significa "señor del universo". Desde que le prestaron su inconfundible pulsación rítmica a Paul Simon, su nombre se ha propagado por el planeta con el aval que otorgan las figuras del pop, a casi todo lo que tocan. Olodum es una fiesta de tambores pero también una idea y una realidad que va más allá de la música. Se trata de una ONG. Las demostraciones percusivas que realiza el grupo amparan una asociación antirracista y no violenta que lleva a cabo programas de ayuda. Muchos niños no cayeron en la marginalidad gracias a la escuela que financia Olodum.

Olodum

Bartolomeu Nunes (director), Tania Santana, Reni Veneno y FernandoAntonio de Brito (cantantes), Douglas Felipe (teclados), Evanailton Guilherme (saxo), Ana Lucia y Jailsom da Purificaçáo (bailarines), Gilmario Marques, José Iván Pinheiros, ErivaldoViterbo, José Carlos Santos, Joselitom Rigaud, Andresom Ramos, Edilsom da Silva Neiva, Antonivaldo Silva y Luis Ubiraci Ramos (percusiones). Conde Duque. Madrid, 25 de julio.

Lo que llegó a Madrid fue una embajada itinerante. Viajan por el mundo para mostrar su música incandescente y, a través de ella (y a la venta de discos, camisetas o gorras), contribuir a la financiación de sus obras. Surdos, caixas y repiques debían oirse a un par de kilómetros del recinto tal es la potencia que desarrollan. Con historias de faraones, del héroe Zumbi o saludos a Mandela, Malcolm X y Martin Luther King y, al profeta Marley, sin cuyas prédicas musicales Olodum jamás hubiera visto la luz. Hasta lo que toca este bloco afro se llama samba reggae.

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