Preocupaciones
Resulta comprensible la preocupación de los medios de comunicación españoles por la suerte del comandante Cortés y el capitán Romero cuando fueron secuestrados por los terroristas serbios, como, en su caso, la de los medios norteamericanos por la del capitán O'Grady, cuyo avión fue derribado cuando vigilaba el cumplimiento de una de las resoluciones de la ONU.Lo que no resulta tan comprensible es que se presente el echo de su detención y del chantaje subsiguiente como aIgo que nos deba preocupar en mayor medida que la suerte de cualquiera de los miles de civiles que a diario están expuestos a ser asesinados, con lo que para los efectos es la anuencia implícita de la diplomacia occidental. Para muestra, cualquier botón basta: durante los di as de su secuestro, en Sarajevo no menos de 10 civiles cayeron muertos bajo las balas serbias. En definitiva, lo que no es de recibo para un ojo crítico es la manera de presentar y envolver noticias como ésta, buscando esa especie de adhesión sentimental del consumidor de información fundamentada en el atavismo de la nacionalidad compartida, especialmente cuando se trata de militares profesionales.
Yo me veo reflejado no en los militares españoles secuestrados, sino en las imágenes inconcebibles de la madre y los niños de Sarajevo que deben cruzar las calles de su ciudad escondiéndose tras los vehículos de los cascos azules, en los peatones que corren y gritan aterrados, en los estudiantes des panzurrados de Tuzla.
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