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Portugal revive los fastos reales con la boda del duque de Braganza

Republicano desde hace cerca de 85 años, Portugal revivió ayer las pompas y los fastos de la antigua corte real con la boda del duque de Braganza, Duarte Pío, heredero de la corona portuguesa, con Isabel Inés de Castro Curvello de Heredia. La ceremonia religiosa, presidida por el cardenal patriarca de Lisboa, Antonio Riveiro, tuvo lugar a las cuatro de la tarde en la iglesia de Santa María de Belén, del Real Monasterio de los Jerónimos, en presencia de más de 1.500 invitados.

Entre los asistentes figuraban los príncipes herederos Felipe de Bélgica y Alberto de Luxemburgo; las infantas españolas Margarita y Pilar, hermanas del rey Juan Carlos, y los duques de Kent. Eran los únicos representantes de familias reinantes de una asistencia constituida sobre todo por monarcas y príncipes destronados.

Más sorprendente era la presencia al lado de las familias de los novios de los más altos representantes del Estado portugués: el presidente de la República, Mario Soares; el presidente del Parlamento, Barbosa de Melo; el primer ministro, Anibal Cavaco Silva, y varios miembros del Gobierno.

El carácter semioficial dado lo que la prensa portuguesa viene llamando "boda real" ha provocado una cierta polémica en los medios políticos republicanos. Varias voces han cuestionado la constitucionalidad de la participación de las más altas instituciones de la República en el acontecimiento y también la retransmisión en directo de la ceremonia religiosa por el primer canal de la televisión estatal. Pero Mario Soares, con su naturalidad habitual, ha rechazado toda intento de manipulación política del acontecimiento: "Soy republicano, socialista y laico, y estoy aquí para asistir a la boda de una persona simpática, que conozco hace muchos años y cuya familia ocupa un lugar innegable en la historia portuguesa".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de mayo de 1995