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González sostiene que de toda crisis bien afrontada "se sale fortalecido"

El elogio de la Unión Europea (UE) como "mejor invento que se ha hecho en Europa desde el Renacimiento" y la preocupación por recuperar "la credibilidad de la política y de los, políticos" fueron las dos ideas centrales defendidas ayer por el presidente del Gobierno español, Felipe González, en la Universidad Católica de Lovaina, en la que apostilló: "De toda crisis bien afrontada se sale fortalecido". La institución, en la que estudió hace 30 años, le invistió como doctor honoris causa -junto al primer ministro belga, Jean Luc Dehaene, y el escritor judío Elie Wiesel, premiado con el Nobel de la Paz en 1986- por su apego a los "valores de la democracia". En el acto estuvieron presentes los reyes de los belgas, Alberto y Paola.

En un encuentro informal con los periodistas tras recibir el doctorado honoris causa, González dijo que no tiene previsto entrevistarse con el líder del PP, José María Aznar, m con el presidente catalán, Jordi Pujol, antes del debate sobre el estado dé la nación, que se celebrará los días 8 y 9 de febrero.En su discurso de aceptación del doctorado, el presidente del Gobierno razonó su europeísmo señalando que, pese a las "excepciones que todos lamentamos", gracias a la Unión Europea "estamos viviendo el periodo de paz, prosperidad e igualdad de oportunidades más largo de nuestra historia" e incomparablemente mayor que en cualquier otra zona del mundo. España cumple en junio diez años como miembro pleno de la UE. Éstos son, precisamente, "los años de mayor desarrollo y bienestar" del país, sostuvo González, para propugnar en consecuencia una UE "con contenidos políticos cada día más sólidos".

Tras relativizar las oleadas pesimistas y optimistas que se suceden en la construcción europea, según se atraviesen ciclos económicos recesivos o expansivos, González recordó que las crisis "dejan siempre secuelas negativas". "La historia no ha dejado rastro de ningún periodo", manifestó, "en el que no se perciba el momento vivido como de incertidumbre, inestabilidad y crisis", algo con lo que, en su opinión, "la humanidad tiene que aprender a convivir". Aunque hablaba de Europa, muchos entendieron que se refería a España cuando apostilló: "También los políticos debemos saber que de toda crisis bien afrontada se sale fortalecido".

Superar la crisis de credibilidad de la política y los políticos "depende del esfuerzo conjunto de todos: responsables y ciudadanos". No hay "otra receta", advirtió González, "que trabajar creyendo firmemente en lo que hacemos individual y colectivamente".

El presidente del Gobierno consideró que, desde la caída del muro de Berlín, "todos los partidos" se encuentran afectados por esa crisis. El aspecto positivo es que se ve acompañada de nuevas formas de participación social, como las organizaciones no gubernamentales, "más atractivas" para los jóvenes y que los responsables políticos deben, recalcó, "impulsar y apoyar". González negó que haya un desapego de los jóvenes respecto a la política, "pero su forma de participar en el quehacer colectivo es diferente".

Contra el pesimismo

"Sigo con preocupación", insistió González, "el debate sobre la deslegitimación de la política" que se produce en Europa "y del que España no se mantiene ajena", un debate trufado de "una cierta melancolía, un cierto fatalisino" en los analistas "e incluso en los propios políticos" que podría conducir al pesimismo de la generación del 98. El aislamiento intelectual y político subsiguiente ha quedado sustancialmente roto. "En 18 año hemos recorrido el camino que el resto de los países occidentales han recorrido en 50", dijo.

Pero "no basta con establecer el Estado democrático", sino que se precisa "desarrollar prácticas y modos de pensar y actuar acordes con el espíritu democrático", expuso citando a Tocqueville. "Esta es la responsabilidad de los políticos: evitar que surjan en la sociedad formas de actuar que vayan en contra de las más elementales normas del juego democrático", añadió. Tarea compartida por las universidades, dedicadas a "hacer espíritus libres" para evitar comportamientos antidemocráticos.

Esa Universidad Católica de Lovaina en la que González estudió hace 30 años y que ha sido de la única que ha aceptado -un doctorado honoris causa hornenaj6ó en el mismo acto al primer ministro belga, Jean Luc Dehaene, y al escritor judío Elie Wiesel, antiguo deportado en el campo de, Auschwitz y Nobel de la Paz en 1986.

A González y Dehaene, porque "tanto en la política de sus países como en la política europea han demostrado un savoir faire [saber hacer] y un respeto de la democracia que merece ser honrado", manifestó el rector, Pierre Macq. Y a Wiesel, porque es "el símbolo de la memoria de las consecuencias que lleva consigo el despreció de la democracia".

Sólo Dehaene debatió con los estudiantes

El primer ministro belga, Jean Luc Dehaene, acaparó toda la mañana. Felipe González había anulado el lunes, "por razones de trabajo", su participación en el debate con los estudiantes. Quien más lo lamentó fue la colonia de españoles, muchos de ellos relacionados con el programa Erasmus.La mayoría de éstos querían debatir sobre el caso GAL o sobre cómo es posible que en democracia haya tanta corrupción", según indicaron Ruth García y Ana Hidalgo. "Pero esta vez sin abucheos, porque estamos fuera de España", asentía Fernando, uno de los que, en su día, abroncaron a González en la Universidad Autónoma de Madrid.

A diferencia de lo que aconteció al presidente en Madrid o a José María Aznar en Lérida, parece que en las universidades situadas más arriba de los Pirineos los líderes políticos puede n discutir de manera tranquila con los universitarios. Es más, incluso pueden provocar carcajadas y recoger aplausos estruendosos.

Es lo que le sucedió a Dehaene, un vehemente democristiano situado, en genio populista y figura política, a medio camino de Helmut Kohl y Jordi Pujol. Las preguntas de los universitarios -una media más conservadora que los de la laica Universidad Libre de Bruselas- estaban bien construidas y nada ensimismadas sobre la realidad belga: les interesa Europa, el paro, la economía internacional, los medios de comunicación...

Así, Dehaene pudo explayarse sobre "el doble movimiento simultáneo, centralizador descentralizador, que se produce en Europa". Se mostró pesimista sobre la posibilidad de controlar "la enorme masa de dinero caliente amenazador" que se mueve en el mundo. Propugnó reformar la financiación de la Seguridad Social "para salvarla". Hizo acto de fe en la moneda única "porque supondrá la irreversibilida0 de la. Unión Europea. Y pidió que los medios de comunicación "se autoimpongan unas reglas más allá del principio de vender por vender".

Para su suerte, Dehaene estaba en Lovaina: le aplaudieron.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de febrero de 1995

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