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LA CRISIS DE IBERIA

Marejada en el aeropuerto

La crispación y el miedo dividen a la plantilla de Iberia

Miedo, indignación, crispación. Y, planeando sobre todo eso, pesimismo. La Iberia de hoy en día tiene los días contados. Unos empleados los cuentan por meses, otros por años; pocos años, eso sí. La dirección habla de unos días. El miedo de los trabajadores a su futuro y al de la compañía, latente en muchos de ellos "desde hace tiempo", saltó ayer en el Aeropuero de Barajas cuando, en las Boutique de la Prensa, aparecieron los periódicos certificando la ruptura definitiva de las negociaciones entre los pilotos y la compañía.Eso significa que 5.220 trabajadores irán a la calle. "La cosa está jodida, llevo 30 años trabajando en la empresa y ahora no sé nada de mi futuro; lo de los pilotos es para morirse, póngalo usted muy clarito y sin miedo: lo único que quieren los pilotos es más poder en la empresa", acusó un operario de 60 años que, como muchos de los empleados consultados por este periódico, no quiso dar su nombre.

Cómodo en el anonimato, despotricó a sus anchas: "Los pilotos siempre lo mismo; los que ganan como yo, 160.000 pesetas juntando trienios, noches y festivos, nos hemos tenido que bajar los pantalones, mejor eso que nada; pero que no nos vengan ahora con cuentos: los pilotos defienden su parcela y los demás les importamos tres pepinos".

Esperaba entrar en el sacó de los prejubilados si fraguaba el preacuerdo alcanzado con la empresa y los sindicatos UGT, CC OO, los tripulantes de cabinas, los técnicos de mantenimiento y los de vuelo. "Al menos así tenía mis derechos como jubilado; pero nada: calculo que darán dos millones por despido y a barrer, a ver qué hago yo ahora".

Todos los trabajadores creen que ellos no tienen la culpa de la caída de la companía pero que, en el mejor de los casos, la crisis de Iberia les supondría una rebaja salarial, y en el peor, el despido. La polémica estaba servida ayer en los pasillos y las trastiendas de Barajas: ¿Quién es el culpable? La dirección de la compañía o los pilotos. O los dos.

A una de las azafatas que atendía ayer en el mostrador de salidas nacionales le pareció "fenomenal" el plante del sindicato de pilotos, SEPLA, a la compañía. "Se les quiere hacer responsables de lo que pasa en Iberia, y los únicos responsables de esto han sido los que han gestionado mal la empresa; los pilotos han hecho lo que tenían que hacer: decir hasta aquí hemos llegado señores, no vamos a rebajarnos el sueldo a cambio de nada".

A pesar de su entusiasta apoyo al SEPLA, calificó de "decepcionante" el ambiente que se vivió ayer en Barajas. "Va a haber crispación entre la gente, aunque la mayoría están como yo, de acuerdo con los pilotos, y si eso significa la división de la compañía, pues mejor; una empresa privada siempre irá a ganar dinero, y los sueldos son mejores", aseguró.

La desarticulación de Iberia para privatizar las actividades rentables -otra de las condiciones del plan de choque- también les parecía bien a María del Puerto y Ramón, ambos administrativos. Él, con 22 años de antigüedad, más pluses de nocturnidad, dice cobrar unas 150.000 pesetas; ella menos, porque es más joven en Iberia. Ninguno está dispuesto a rebajarse el salario sin que se les garantice que ese dinero va a invertirse en un plan de viabilidad que reflote su empresa. Ese plan, dicen, no lo han visto por ningún lado. "Por eso estamos con los pilotos. Tememos cualquier cosa, el plan A, el B... todos son malos; pero estamos seguros de que, más tarde o más temprano, al final el plan B iban a aplicarlo, lo del preacuerdo era un parche".

Ese parche le venía de perlas a Angel, operario eventual que ve "deprimente" el presente y "muy mal" el futuro. También él, como los que opinan lo contrario, está seguro de representar a la mayoría de los trabajadores de Iberia: "Yo creo que la gente está en contra de los pilotos; es que son sólo el 5% de los trabajadores, y son unos insolidarios". Si él fuera el presidente de la compañía, Javier Salas, lo tendría clarísimo: "Un montón de pilotos a la calle, y verían cómo cambian de actitud".

Susana y Julia, dos azafatas de tierra con nueve años de antigüedad, creen sin embargo que los pilotos lo tienen "más crudo que nadie". "Si nos echan a nosotras, pues podemos encontrar trabajo de administrativo, pero díme qué hace un piloto si se cargan Iberia, por la cuenta que les trae, tienen más interés que nadie en salvar a la compañía". De momento, las oficinas del colectivo de pilotos están escoltadas por vigilancia de seguridad. "Es que como esto se va a ir a la bancarrota más de un piloto se va a llevar un palo", auguró un empleado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de diciembre de 1994