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Editorial:

Riesgo inflacionista

ES PREOCUPANTE que una economía como la española, sin apenas crecimiento del consumo en la actualidad, se muestre incapaz de impedir que la inflación suba. Ello significa que existen graves problemas en las condiciones de oferta de sus mercados y que sobreviven empresas o sectores con la discrecionalidad suficiente en la fijación de sus precios para no tener presentes las condiciones de la demanda. Es lo que sucede en España: nuestra tasa de variación de los precios se resiste a descender, aun cuando la demanda interna sigue claramente debilitada y los costes salariales han experimentado una contención notable.El registro en agosto de un aumento del 0,6% en el IPC, además de cuestionar seriamente las posibilidades de reducción en ese desequilibrio (la correspondiente tasa de variación interanual se sitúa en el 4,8%, muy lejos del objetivo del 3,5% fijado por el Gobierno para este año), ilustra algunos de los efectos que pueden tener sobre el comportamiento de la economía algunas decisiones de empresas cuyos precios están regulados públicamente. Es el caso de las tarifas telefónicas, a cuyo incremento hay que atribuir dos décimas del 0,6% de la inflación registrada en agosto, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Más allá del resultado del contencioso abierto por este motivo (la Telefónica cuestiona la lectura hecha por el INE), ese indicador de inflación ya ha producido gran parte de su temible impacto: ha reforzado las cautelas sobre la recuperación económica en ciernes, ha sido la señal que faltaba para no continuar por la senda de descenso de los tipos de interés a corto plazo y no ha favorecido la ya difícil situación en los mercados de bonos.

El mismo día en que se anunciaba ese aumento en la tasa de inflación, también se daba a conocer la disposición de las entidades financieras a revisar al alza los tipos de interés sobre los préstamos hipotecarios que tan agresivamente habían estado ofreciendo en los últimos meses. Si cabía ser escépticos Cuando los responsables de Economía seguían anticipando hace apenas una semana posibles descensos adicionales de los tipos de interés, ahora sólo cabe confiar en su capacidad para evitar que se den las condiciones que justificarían su elevación.

La credibilidad del Gobierno y su capacidad de definir una política económica que aproveche las evidencias de recuperación en Europa siguen estando en entredicho, lo que condiciona enormemente las decisiones de los agentes económicos. El proyecto de Presupuestos Generales del Estado y la demostración de que está dispuesto a abordar las reformas estructurales pendientes son las únicas señales que podrían neutralizar esa sensación de agotamiento de las posibilidades de que dispone el Gobierno para afianzar el crecimiento y el saneamiento de la economía española.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de septiembre de 1994