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Los hermanos pequeños de los 'heavies'

Los amantes del rock en su vertiente más dura, engullidos por los dictados de la moda

Los amantes del rock, en su vertiente urbana y dura, están cambiando. Llevan el pelo largo, pero apenas consumen drogas blandas, van a los conciertos acompañdos de su pareja y para ellos la asistencia a este tipo de actos no implica la búsqueda de una escapada, ni la exigencia de libertad, como ocurría con sus hermanos mayores.Es simplemente una opción comercial.La que antaño fuera orgullosa tribu sobrevive ahora integrada en la inmensa tela de araña del público mayoritario. Sus tradiciones han quedado ahogadas por la presión social y asumida y desvirtuada su estética por los caprichosos imperativos de la ' moda.

Primero, los antediluvianos Deep Purple, el jueves en el Palacio de Deportes de la Comunidad, y después, un cogollo de la escena radical española, ayer en la plaza de toros de Las Ventas, han logrado reunir en un par de días a buen número de seguidores de una música concebida para ser escuchada a tope de decibelios.

Tres horas antes del inicio del concierto de los Purple, y con los termómetros marcando 44 grados, un grupo de chavales se sentaba en el suelo, a pleno sol, ante la puerta del recinto. En vasos de plástico corría el whisky escocés aderezado con fugaces cubitos de hielo. Son la excepción en lo que a alcohol se refiere. Tienen entre 14 y 16 años y vienen de diferentes barrios y pueblos de Madrid. "Nos lo bebemos aquí, porque dentro no hay. Nos parece bien que no vendan alcohol en el concierto, porque luego la basca se pone pedo y no se entera".

El concierto cuesta 3.300 pesetas -un precio heavy- y a Javi, de 18 años y llegado desde Pozuelo, le supone no consumir nada durante toda la semana. A su lado, dos chicos pintan una pancarta: "¿Where is Ritche?, en protesta por la ausencia del guitarra del grupo, Ritche Blackmore.

El pabellón no está lleno. Huele exclusivamente a porro. Las hileras de colgados camino de los lavabos han pasado a la historia, como mucho ahora se trata de eliminar tanto líquido sin alcohol como se consume.

La gente, mayoritariamente melenuda, va buscando un sitio, mientras sujeta un refresco o tina cerveza sin alcohol. Abundan las parejitas, pero ni rastro de aquella exuberancia de aspectos habituales en las concentraciones heavys. Lo más fácil es encontrar jovencitos con aspecto totalmente convencional. En las camisetas se mezclan los logotipos de las vacas sagradas del género (Deep Purple, Led Zepelin, Motorhead, Black Sabbath), con los de los recién llegados al circo del rock (Lemonheads, Bad Religion, Nirvana ... ).

En el momento de saltar a escena los veteranísimos Deep Purple, un padre sube a su hijo, de 11 años, a sus hombros para que vea bien. El padre explica que han venido porque se lo prometió al niño, si aprobaba todo. Carmen, pizpireta rockera de 17, cuenta: "Yo conocí Deep Purple por la radio, pero luego encontré sus discos en mi casa. Eran de mi padre. Pero él me ha dicho que como se entere de que vengo a con ciertos de este tipo de música me parte la cabeza". Su papá es "escolta de un ministro".

¿Adónde fueron las tachuelas?

Ni un cinturón de cadenas ni una muñequera de pinchos. La estética heavy ha evolucionado hacia estereotipos más hippies, con los que sólo tienen en común el pelo largo. Algunos lo combinan con gorras de béisbol y pantalones cortos, uniforme oficial de los jóvenes de L. A.No hay que olvidar que cuando los Purple grababan Smoke on the water, muchos de los jóvenes que ahora van a verlos o compran las reediciones en CD de sus discos no se encontraban siquiera en periodo de gestación. Es comprensible que no sólo la estética, sino los motivos de su elección, sean muy diferentes.

Hace 15 años, un grupo de chavales que llevara el pelo tan largo era rápidamente interpelado por la policía. Ahora nadie les molesta, porque ellos son los consumidores. Los únicos que quedan. Uno de ellos confiesa que ha venido a ver a Deep Purple "porque están muy viejos e igual no tengo oportunidad de verlos nunca más". Hace una quincena de años, un seguidor del grupo hubiera afirmado que Gillan y compañía eran el futuro vivo del rock and roll. Lo cierto es que del mismo modo se ha fragmentado el eterno trinomio sexo-drogas-rock and roll, de modo que, para las audiencias jóvenes, hacer una de estas tres cosas supone la exclusión de las otras dos. Por tanto, siempre según su visión, resulta absurdo dejarte una pasta en la entrada para ver a un grupo y dedicarte luego a las chicas o al castigo etílico o psicotrópico. Simple cuestión de emplear bien el dinero.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de julio de 1994

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