Tres maestros en acción
El último festejo del ferial permitió a la afición nimeña disfrutar de la finura de Manzanares, de la maestría de Espartaco y de la tenacidad de Rincón. Con el que abrió plaza, José Mari Manzanares dibujó un que hacer de terciopelo, instrumentando una sentida faena en la que corrió la mano con sentimiento a un astado distraído pero noble. Después de mucho batallar con su segundo, se convenció que era un manso perdido y abrevió.
Espartaco se esforzó en domeñar la acometividad seca de su primero, sin conseguirlo. Ejecutó limpios pases por el derecho que no entusiasmaron. A su descastado segundo logró hacerlo embestir utilizando su innegable técnica y oficio. A base de consentirlo sacó redondos bien templados.
García / Manzanares,
Espartaco, Rincón Cuatro toros de García Jiménez, débiles y mansos; y dos de Javier Pérez Tabernero (lº y 2º) con casta. José Mari Manzanares: pinchazo y estocada (oreja); dos pinchazos y media (silencio). Espartaco: pinchazo hondo y descabello (ovación); estocada (oreja). César Rincón: estocada tendida -aviso- y descabello (oreja); estocada caída (aplausos). Plaza de Les Arenes, 3 de mayo. 8ª y última corrida de feria. Lleno
Después de una tenaz labor a su aplomado primero, César Rincón terminó metiéndolo al engaño y lo trasteó con valor por naturales. Con el que cerró plaza con mucha valentía trató de dominar la peligrosidad del bicho y terminó con apuros.
Corrida mixta matinal
Por la mañana se celebró el séptimo festejo de la feria con una corrida mixta. Se lidió ganado de Torrealta que colaboró. El primero y cuarto fueron para los rejoneadores Luis y Antonio Dornecq que obtuvieron vuelta al ruedo y división, respectivamente.Los toros lidiados en segundo y quinto lugar tu vieron el peso mínimo reglamentarlo pero fueron bravos y permitieron ver al Paco Ojeda de antes, aquel que atornilla los pies en la arena y que sin enmendar terrenos liga su toreo. Ejecutó dos espectaculares faenas y cosechó tres orejas.
Vicente Barrera mostró su toreo parsimonioso, quieto y sereno con el alegre tercero y mereció ovación. Con el noble sexto exhibió su inmovilidad acostumbrada y su toreo desmayado. Cortó una oreja.


























































