El genocidio consentido
Gorazde, la última ciudad-mártir de Bosnia, se ha convertido en el símbolo de la insolidaridad y de la incompetencia de la comunidad internacional (sobre todo en Europa) para afrontar la sanguinaria expansión del totalitarismo serbio. A mi entender, el verdadero problema para acabar con este genocidio (consentido) es que no hay una conciencia internacional para darse cuenta de que este conflicto tiene un culpable -el jacobinismo serbio- al cual es necesario pararlo y juzgarlo, tal como se hizo con los nazis. La UE, la OTAN, y la ONU tienen que dejar de jugar al gato y al ratón e intervenir contundentemente, con la fuerza de la razón, no sólo para detener esta execrable pesadilla, sino también para restaurar la credibilidad en los principios democráticos y en los derechos humanos.-


























































