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CARTAS AL DIRECTOR

Gracias, Borrell

Cada año, el señor Borrell me permitía un día o dos de alegría: aquel en que presentaba la declaración de la renta y el día que Hacienda devolvía mi dinero. Alegría que, claro está, no se debía a otra causa que al pequeño fraude que un trabajador a nómina puede hacer. Como el señor Borrell sabe superarse, actualmente me da una alegría diaria, y no por otra causa que la reciente remodelación de la carretera N-VI, de la que creo también es usuario.Alegría que no es otra que saltarme las normas, usar vías de servicio para luego rápidamente volver a los carriles centrales, salir del carril central dirección Moncloa e ir a la M-30; en suma, ser más pícaro que nadie, nueva posibilidad que me brinda la maravillosa obra realizada: carriles más estrechos, sin arcenes, vías de servicio que son inútiles y verdaderas trampas para quien no las conoce, autobuses que deben dar innumerables rodeos, jardineras de un metro con árboles enormes y un riego que no funciona, de cinco carriles a tres, atasco, cierre de un carril izquierdo para un autobús cada 10 o 15 minutos, un segundo acceso a Aravaca increíble por no expropiar 100 metros más, un acceso a la M-30 dirección norte insuficiente a todas luces, una vigilancia inexistente, etcétera.

En resumen, de una de las entradas más bonitas a Madrid a una chapuza. Gracias, señor Borrell; diariamente me alegro de ser el más pícaro.

Pero debemos conformamos, la clase política no da muchas más opciones a la alegría-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de mayo de 1994