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Un único artista que pintaba de rodillas

Un único pintor, que dibujaba de rodillas, iluminado por lámparas de tuétano y utilizando todas las técnicas conocidas, es el autor de la bóveda policromada de las cuevas de Altamira. Éstas son algunas de las conclusiones de la original tesis de la pintora y doctora en Bellas Artes Matilde Múzquiz, de 44 años, que ha terminado recientemente una réplica de las pinturas rupestres para un parque temático dedicado a nuestro país en Japón.El pintor de Altamira no se limitó a pintar la obra cumbre del arte rupestre. Según Múzquiz, este individuo se desplazó hasta las cuevas del Castillo en Puente Viesgo, también en Cantabria y a unos 15 kilómetros de Altamira, para realizar allí algunas pinturas. "Yo reconocí el trazo firme del pintor de Altamira en Puente Viesgo como un músico reconoce un aire desconocido de un compositor que le es familiar", afirma. Esta conclusión es quizás el aspecto más polémico de su tesis, ya que los estudios con carbono 14 dan una diferencia de edad de unos 500 años entre las figuras de Altamira y las de Puente Viesgo. "Estas pruebas también dan diferencias entre varios bisontes de la bóveda de Altamira". Por lo demás, sus ideas han sido acogidas positivamente por los prehistoriadores, y Múzquiz considera que a ello ha contribuido decisivamente el catedrático Manuel Fernández Miranda, "que revisó el trabajo y me impidió entrar en el campo de los prehistoriadores".

El ex director de Altamira y catedrático de prehistoria Federico Bernaldo de Quirós, considera que la investigación de Múzquiz es "muy importante, ya que introduce planteamientos completamente nuevos, alejados de la óptica arqueológica, y abren una nueva vía para entender el arte paleolítico y sus pinturas". Joaquín González Echegaray, que fué el primer director de Altamira y una de las personas decisivas -junto con el profesor Fernández Miranda-, para limitar las visitas en 1979, salvando las pinturas de un alarmante deterioro, cree que los prehistoriadores han logrado explicar bastante bien las condiciones de vida del hombre paleolítico, "pero falta por interpretar el significado de su arte".

Grabado con buril

"Hasta mi tesis", señala Múzquiz, "Altamira había sido estudiada sólo por prehistoriadores. Yo he intentado, a partir de una estricta metodología de pintora, buscar el pensamiento del artista".

Matilde Múzquiz cree tener resueltos todos los aspectos técnicos: "El artista pintaba de rodillas. Partía de un grabado realizado con un buril de hierro, después dibujaba los contornos con carbón vegetal y completaba la obra pintando con una gamuza animal impregnada de óxido de hierro. Para la iluminación, utilizaba lámparas con el tuétano de huesos con un gran contenido en grasas".

La perfecta utilización de la bóveda de Altamira, de sus volúmenes y de sus grietas es otro aspecto que Matilde Múzquiz ha estudiado a fondo. "El pintor de Altamira resolvió magistralmente todos los problemas que se planteó, demostrando una capacidad intelectual similar a la nuestra".

Sobre este tema, destacados biólogos evolucionistas, como Faustino Cordón, coinciden con la pintora onubense. Para ella, el artista de Altamira "tenía un sentido estético asombroso, unido a un dominio total del cuerpo con respecto a la mente". Matilde Múzquiz reivindica para el autor de la bóveda policromada la condición de "auténtico creador inconfundible".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 27 de abril de 1994