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Tribuna:

Nuevos conceptos

Hace unas cuantas semanas, la Real Academia Española lanzaba al mercado su vigésima primera edición en dos tomos accesibles en precio y tamaño. Sin desmerecer a la Academia (Roldán, Rubio, J. Guerra, De la Rosa, Galindo, Renfe, el BOE y la finca de Rodrigo Rato me libren), igual tendrían que haber esperado un poquito. Resulta que no han tenido tiempo para recoger expresiones y acepciones sin las que hoy en día no se puede ir ni siquiera a tomarte una caña al bar de la esquina. Por ejemplo, ¿dónde explica bien explicado lo del "linchamiento moral", frasecita repetida hasta la saciedad por esos pobres hombres a los que se les imputa sin ningún fundamento, salvo el de pruebas sobre pruebas, fechorías que enrojecerían a más de un presidiario?Hasta ahora, pelotazo era un golpe dado con la pelota de jugar. Imaginen que se te ocurre decir que vas a dar un pelotazo, ¿hay alguien en su sano juicio que piense que tus intenciones son tan puras y simples como dice el diccionario? Máxima contundencia. Nos hacen creer que se trata de la intención de emprender una acción con celeridad e inequívoca decisión. En ningún sitio aparece lo que ahora se entiende como máxima contundencia política: declaración de intenciones que probablemente se quedarán en nada o casi nada, pero que se debe pronunciar como si realmente se creyese lo que se está diciendo.

Responsabilidad política. Por más que leo y releo, no aparece lo que todos comprendemos: situación utópica por la cual no es sólo responsable el que hace, sino el que deja hacer. Esto engancha con el concepto estrella del año: la consciencia. Antes se creía que significaba hacer algo sabiendo lo que se traía entre manos. Craso error. Debe cumplirse algo más. Saber si es ilegal. Si alguien piensa que atracar un banco no es delito, adelante. Si le pillan, siempre puede decir que no era consciente. Le pondrán a parir, saldrá en los periódicos, pero no debe preocuparse, tiene coartada. Salvo que su apellido sea ilustre, acabará en la cárcel, pero lo importante es su conciencia. Mejor dicho, su consciencia.

Hay que actualizar el diccionario. Si no, estaremos a merced de los inconscientes, nos pegarán pelotazo tras pelotazo, no podremos actuar con máxima contundencia y sufriremos más de un linchamiento moral sin que casi nadie haga ejercicios de responsabilidad política. O sea, lo de ahora.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 19 de abril de 1994