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Crítica:CINE: 'TIRANO BANDERAS'

Una buena adaptación de Valle-Inclán

El teatro y las novelas del ilustre Gallego Ramón María del Valle-Inclán están tan bien escritos, estilan tanta buena literatura, como difícil resulta de representar en un escenario y todavía más de adaptar al cine. Su maestría y brillantez hace que sean bastan s quienes lo han intentado, pero muy pocos, sobre todo en el terreno cinematográfico, los que han llegado a unos resultados atractivos.El interés y la bondad de la versión de Tirano Banderas reside en que, al contrario de lo ocurrido en la mayoría de las anteriores, no se han dejado arrastrar por la brillantez literaria del original y su falso tono cinematográfico. Han tomado la novela como punto de partida para hacer una versión libre, pero lo más acorde posible con el espíritu original, y han conseguido sus propósitos con eficacia.

Tirano Banderas

Director: José Luis García Sánchez.Guionistas: Rafael Azcona y José Luis García Sánchez. Fotografía: Fernando Arribas. Música: Emilio Kauderer. España-Cuba-México, 1993.Intérpretes: Gian Maria Volonté, Ignacio López Tarso, Javier Gurruchaga, Fernando Guillén, Ana Belén, Juan Diego. Estreno en Madrid: cines Avenida, Luchana y Peñalver.

Rodada en largos y simples planos, pero que encierran una gran eficacia narrativa que logra concentrar el barroquismo del trópico, Se trata de una cara y compleja coproducción, donde todos los detalles han sido escrupulosamente cuidados. Al resultado de esta buena adaptación de Valle-Inclán sólo puede reprochársele una excesiva frialdad narrativa. Por motivos difíciles de determinar, José Luis García Sánchez se ha distanciado demasiado del universo que tan bien ha sabido crear, no se ha dejado envolver en la locura reflejada, quizá para subrayar una crítica constantemente presente en la historia, hasta dar la impresión de que el bullicio político que le rodea, poco o nada tiene que ver con él.

No obstante, Tirano Banderas es la mejor adaptación cinematográfica realizada a partir de una obra de Valle-Inclán. Esto se debe, además de a las señaladas calidades del guión, a un hábil, bien elegido y mejor dirigido reparto donde se mezclan con especial brillantez actores muy diversos, de muy distintas nacionalidades y acentos, buen, reflejo de la riqueza lingüística del original.

A la cabeza de este nutrido reparto aparece el italiano Gian Maria Volonté, que sabe hacer una perfecta y personal versión de ese Santos Banderas, definido por Valle-Inclán como "una calavera con antiparras negras y corbarín de clérigo". Seguido por el español Javier Gurruchaga, que al dar vida al homosexual embajador español barón de Benicarles hace su mejor trabajo cinematográfico; el mexicano Ignacio López Tarso, estupendo en el coronel rebelde Domiciano de la Gándara; la cubana Guillian Vargas, que hace con sabiduría el papel de Manolita, la demente hija del tirano; y la mexicana Gabriela Roel, llena de sentimiento al vivir las desgracias de la india Chinita.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 15 de enero de 1994