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HACIA UN MERCADO COMÚN NORTEAMERICANO

TLC, la apuesta de Clinton

Pocos temas han centrado la atención de los norteamericanos como el Tratado de Libre Comercio, que se vota el miércoles

En el ala oeste de la Casa Blanca, junto al Old Executive Building, está instalada la war room desde la que decenas de funcionarios y voluntarios tratan de salvar al presidente Bill Clinton por tercera vez en un año. Esta sala funcionó anteriormente durante la campaña electoral de 1992 y con antelación al debate parlamentario sobre el plan económico. En esta ocasión, un equipo dirigido por el economista y político Bill Daley intenta ganar la crucial votación del próximo miércoles en el Congreso sobre el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Estados Unidos, México y Canadá.Pocos temas habían antes capturado la atención de los norteamericanos al nivel que lo ha hecho la discusión de este tratado. La palabra NAFTA, las siglas en inglés del famoso acuerdo tripartito, forma ya parte del vocabulario común estadounidense con tanto derecho como ONU, OTAN o CIA.

El calor provocado por la trascendencia política del debate ha restado, sin embargo, seriedad y rigor al mismo. Tanto los detractores como los partidarios del TLC maquillan los datos en su favor ante una decisión en la que está en juego el prestigio del propio presidente Clinton, la suerte del sistema mexicano, el futuro de las relaciones políticas entre los dos vecinos y el porvenir del conjunto de las relaciones entre Estados Unidos y el continente americano.

Comparado con eso, las consecuencias económicas del TLC pueden parecer menores, pese a que supone la creación del mercado libre más grande del mundo. Muchas de esas consecuencias son todavía imprevisibles y algunas otras pueden variar en función del desarrollo de las circunstancias futuras. La polémica de los últimos días ha girado fundamentalmente en torno a los siguientes aspectos:

- ¿Es realmente beneficioso para Estados Unidos y México?

La economía mexicana representa sólo el 4% del total de la economía norteamericana, lo que se puede equiparar a la actividad económica del área comprendida entre Los Ángeles y San Diego. México no es, pues, a corto plazo un mercado de consumidores demasiado interesante para los exportadores norteamericanos. Para México sí puede servir para modernizar el sistema productivo y, elevar los salarios de los trabajadores y el nivel de vida de los mexicanos en general.

- ¿Por qué es tan importante desde el punto de vista político?

El TLC servirá para medir el liderazgo de Clinton, creará un horizonte para América Latina, lanzará un mensaje al GATT sobre la verdadera fe de Estados Unidos en el libre mercado y, sobre todo, es crucial para la plena democratización del sistema político mexicano.

- ¿Tiene desventajas?

Tanto México como Estados Unidos hacen mínimas concesiones de soberanía con la firma de este tratado. No se observan desventajas significativas de antemano, aunque el desarrollo de la inversión y del mercado de trabajo puede verse influido en sentido negativo en alguno de los dos países.

- ¿Creará o destruirá puestos de trabajo en Estados Unidos?

Éste es el punto en el que partidarios y detractores están más radicalmente opuestos. El Gobierno asegura que el TLC ampliará el mercado laboral norteamericano con 200.000 empleos más en los sectores de las telecomunicaciones, los productos químicos y la maquinaria pesada fundamentalmente. Ross Perot asegura que se verán en peligro casi seis millones de puestos de trabajo, ya que el fin último del Gobierno mexicano con este tratado es el de atraer la inversión norteamericana a un mercado con gastos salariales muy inferiores.

Economistas independientes suelen estimar que, de forma inmediata, el impacto del TLC en el desempleo será mínimo porque los sectores en los que se pueden crear puestos de trabajo quedarán compensados con aquellos en los que se puede destruir (textiles, productos cítricos). Es cierto que, a largo plazo, existe un peligro de huida de puestos de trabajo a México en cuanto que ese país puede ser crecientemente atractivo para la creación de empresas de exportación basadas allí, al mismo tiempo que mejoran las condiciones de producción. Pero eso debe verse compensado con el aumento de los sueldos de los trabajadores mexicanos. El TLC deja, en todo caso, abiertas las posibilidades para que cada país vaya regulando los cambios en su mercado laboral en función de los problemas que surjan.

- ¿Aumentará la inversión en los dos países?

Los inversores mexicanos podrán adquirir el 100% de las acciones de las compañías de transporte y de construcción tres años después de la entrada en vigor del tratado. Los norteamericanos, sin embargo, sólo podrán tener la totalidad de las primeras y el 49% de las segundas a partir de los 10 años del inicio del TLC. El capital estadounidense sólo podrá poseer el 15% de los bancos hasta 1999 y el 25% a partir del 2000.

- ¿Crecerán las exportaciones?

El levantamiento de límites a la importación permitirá a Estados Unidos pasar del millar de coches que exporta ahora por ano a 60.000 en el primer año del TLC. Las empresas llamadas maquilladoras, que se dedican al ensamblaje de distintos productos y funcionan con éxito en la frontera, podrán empezar a vender sus bienes en México. Esos dos apartados supondrán sólo, a juicio de los expertos, un ligero aumento de un volumen de exportaciones que ya ha crecido desde que México comenzó a levantar sus barreras arancelarias. De hecho, entre 1986 hasta la fecha, Estados Unidos ha pasado de tener un déficit comercial de 5.700 millones de dólares a un superávit de 5.400 millones. México es ya el segundo principal comprador de productos manufacturados de Estados Unidos y el tercero en lo que se refiere a productos agrícolas.

- ¿Influirá en la emigración?

No mucho en un primer momento, pero puede que determinantemente en el futuro. Los expertos calculan que desde la entrada en vigor del TLC hasta el año 2000 se reducirá la emigración en alrededor de un millón de personas. No es demasiado si se tiene en cuenta que esa es la cantidad que ahora entra por año. Pero es algo, y, sobre todo, puede ser el comienzo de la curva decreciente que se debe consolidar con el aumento de las oportunidades laborales en México. Sin el TLC se produciría un momento de crisis en la economía mexicana que tendría enorme repercusión en el aumento de la emigración.

- ¿Cuál es el efecto sobre el medio ambiente?

Éste ha sido uno de los puntos capitales de la discusión. Las organizaciones ecologistas temen que el bajísimo nivel de exigencia de las leyes mexicanas en ese terreno atraiga a los empresarios norteamericanos que no quieran cumplir con los reglamentos de su propio país, lo que sería una pérdida económica para Estados Unidos y un desastre para el conjunto ecológico de Norteamérica. Bill Clinton introdujo normas que exigen a la industria mexicana adaptarse paulatinamente a los niveles de control de Estados Unidos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de noviembre de 1993