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Entrevista:

"Me molestó que me acusaran de putero"

El jefe policial de Fuenlabrada absuelto de encubrir a traficantes vuelve al trabajo

José Manuel Rodríguez, 36 años, volverá en los próximos días a tomar el mando de la Policía Local de Fuenlabrada (150.000 habitantes). Un puesto que perdió hace dos años cuando fue detenido bajo la acusación de traficar con drogas. La policía judicial le arrestó en septiembre de 1991 al grabar conversaciones telefónicas en las que el oficial asesoraba y encubría a narcotraficantes. Pero las cintas no aparecieron en el juicio. Hace unos días fue absuelto del delito de prevaricación que se le imputaba. Con este fallo, el agente empieza a recuperarse de una pesadilla que ha durado 27 meses.

Pregunta. ¿Recuerda cómo fue detenido?

Respuesta. Me arrestaron cuando estaba curiosamente en la propia comisaría de Fuenlabrada arreglando varios papeles. Varios agentes me llamaron y un señor que se presentó como jefe de la Brigada de la Policía Judicial, me dijo que estaba acusado de tráfico de drogas. Me quedé estupefacto.

P. ¿Cómo le trataron?

R. Bastante bien. Realmente tuvieron muchas deferencias conmigo porque jamas ingresé en los calabozos. Pasé la noche en un despacho e incluso salí a comer fuera con el comisario y con el jefe de la brigada. Al día siguiente ante el juez ratifiqué mi inocencia y aseguré que estaba investigando un presunto delito de tráfico de drogas cuando me detuvieron, acusándome de haber colaborado y ayudado a esa gente. Posteriormente se me puso una fianza de 500.000 pesetas.

P. ¿Alguien le debería haber mostrado pruebas dónde se comprobara su relación con los traficantes?

R. En ningún momento me enseñaron ni una sola prueba. Todo lo que dijo la policía eran conjeturas, pero sin las famosas cintas donde estaban grabadas mis conversaciones con los narcotrafricantes. A mí me gustaría saber dónde están esas grabaciones que llevamos reclamando desde hace dos años.

P. Entonces, ¿se le detuvo sin motivo aparente?

R. Claro que sí, porque en primer momento se me acusaba de tráfico de drogas y luego se me juzga por prevaricación.

Pero nunca han presentado las cintas. En la sentencia absolutoria queda claro que en el caso de que existieran fueron borradas por la propia policía después de transcribirlas.

P. ¿Qué ha podido pasar con las cintas?

R. No entiendo que es lo que ha podido ocurrir, o si es que se deshicieron de ellas para ocultar algo que había en las mismas. A lo mejor es que la policía se hizo una composición con cuatro datos que escucharon por teléfono y presuponían que había un delito en el que me implicaron. Está claro que sin pruebas esto ha sido una novela de fantasía, para unos, y de terror para mí. También fue muy extraño que una persona como yo de la noche a la mañana sea malo.

Control al que controla

P. ¿Cree, por lo tanto, que la policía trabajó sin rigor en este caso?

R. No sé. La policía en general debería de tener más control de lo que tiene y lo que hace, porque tiene un poder que debería de estar algo controlado.

Lo que diga la policía no debe ser la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Esa verdad hay que demostrarla y cuando a una persona se la presenta como culpable hay que probarlo. Esa persona no tiene que demostrar que es inocente, es la policía la que debe mostrar que es culpable.

P. A usted le detuvo la Policía Nacional sin advertirle que estaban investigando ambos cuerpos lo mismo. ¿No. cree que debería haber una colaboración entre policía Local y Policía Nacional?

R. Como profesional creo que deberían reestructurarse los cuerpos de otra forma. Este país está lleno de policías y es un follón increible que cualquier ciudadano no puede entender, ya que hay tres cuerpos que pueden actuar en alguna localidad en un mismo caso. En ocasiones unos quieren predominar sobre otros. Yo al menos siempre he trabajado mejor con la Guardia Civil que con la Policía Nacional, porque a veces se molestaban en algún tipo de actuación.

P. ¿Ha perdido dos años de su vida?

R. En parte sí, en parte no, porque ahora se dónde están mis amigos y mis enemigos. Lo que más me ha molestado es que no se respete uno de los derechos fundamentales como es la presunción de inocencia, sobre todo con mi trayectoria.

También me ha molestado bastante que se metieran en mi vida privada y que me relacionasen con una mujer que regentaba un local de alterne y me acusaran de putero. A mí nunca me han gustado los clubes y sólo los he pisado por cuestiones de trabajo. La vida en ellos es extraña y hay muchas cosas ocultas y desagradables en ellos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 1 de noviembre de 1993