Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

División en Estados Unidos

Los obispos norteamericanos recibieron la encíclica papal como una invitación al debate dentro de la Iglesia católica, sin una posición claramente a, favor o en contra del documento Veritatis Splendor. En Chicago, por ejemplo, el cardenal Joseph Bernardin hizo un llamamiento a los católicos para que examinen la encíclica "con tranquilidad y buena voluntad para analizarla sin prejuicios y con objetividad".Mientras tanto, el conjunto de teólogos y expertos se muestra dividido entre los que la critican y los que creen que es un buen punto de partida para reflexionar sobre la moral en la actualidad.

Augustine di Noia, principal responsable de asuntos relacionados con la doctrina en la Conferencia Episcopal de EE UU, reconoce que, en una primera lectura, la encíclica puede ser interpretada "como una iniciativa para sofocar la rebeldía en el seno de la Iglesia". "Esto sería un error. El objetivo de la encíclica es promover la discusión entre teólogos y obispos. Sería un gran error tomar este documento como un catálogo de errores", afirma Di Noia.

Algunos teólogos han considerado que este documento trata de marginar a los sectores católicos que propiciaban una moral más abierta y una mayor libertad del individuo en la elección de su propia conducta. El documento aísla definitivamente a los grupos católicos norteamericanos que eran favorables al aborto en los casos de peligro para la vida de la madre.

Caricaturas

El conocido teólogo Charles Curran, representante del sector liberal de la Iglesia norteamericana, afirma que la encíclica de Juan Pablo II, hecha pública el lunes en el Vaticano, "caricaturiza muchas de las posiciones tomadas por distintos grupos católicos". Curran cree que la Veritatis Splendor no tiene en cuenta una de las más profundas tradiciones católicas, que consiste en que "cuanto más específicas son las normas, más hay que admitir la posibilidad de error".Una de las más respetadas teólogas del país, Lisa Sowle Cahill, autora de varios libros sobre la moral, considera que la encíclica es positiva en cuanto que determina que "la moralidad de la ley natural debe ser la base común sobre la que discutir las distintas tendencias", pero critica "la insistencia del documento en que las autoridades eclesiásticas interpreten esa moral".

La encíclica ha sido recibida positivamente por algunos grupos judíos. El rabino Jack Bemporad, director del Centro para la Comprensión entre Cristianos y Judíos, comentó que, aunque no está de acuerdo con Juan Pablo II en muchas cosas, la concepción del Papa de relacionar la moral con las tradiciones religiosas es una iniciativa que debe ser aplaudida.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 7 de octubre de 1993