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El Rey evita inmiscuirse en el debate sobre república o monarquía en Bulgaria

A cada paso que los Reyes de España dieron ayer en Sofía, centenares de ciudadanos coreaban el nombre de Simeón, el último monarca búlgaro, exiIiado en Madrid desde que hace casi medio siglo fue derrocado por los comunistas. Pero don Juan Carlos evitó ensalzar las virtudes de la monarquía constitucional en un país cuyo sistema político es aún frágil.

"Juan Carlos, ayúdanos a que Simeón vuelva", rezaba una gran pancarta colocada a la salida de la catedral Alexander Nevski. El texto resumía el estado de ánimo con el que una parte de los habitantes de Sofía acogió ayer al rey de España mientras abucheaban a algunos miembros del Gobierno búlgaro y les exigían su dimisión.Aunque algunos grupos monárquicos se dieron cita a la salida de la Fundación Santos Cirilo y Metodio o en la puerta del Museo Nacional de Historia, que los Reyes recorrieron, la mayor concentración, unas 3.000 o 4.000 personas, se produjo en la explanada de la catedral, donde ni siquiera la banda de música militar logró acallar los vivas a Simeón y algún que otro grito de "Sofía, Sofía".

El nombre del rey no fue, sin embargo, pronunciado ni una sola vez por los manifestantes. "Como es compuesto, les resultará más dificil corearlo", bromeaba un miembro del séquito real mientras un ex funcionario búlgaro ironizaba sobre la súbita unión de los monárquicos en su país tradicionalmente divididos y sin representación parlamentaria específica, aunque cuentan con simpatizantes en varios partidos.

Cara al sol

A la hora de cantar resurgieron, no obstante, algunas divergencias. Un grupúsculo colocado al lado de la pancarta firmada por la Legión de los Oficiales Zar Simeón entonó una versión búlgara del Cara al sol, el himno de la Falange española, mientras el grueso de los monárquicos optó por cánticos religiosos y patrióticos.Entre la calle, ayer tomada por los monárquicos, y sus anfitriones republicanos, Don Juan Carlos mantuvo una exquisita neutralidad para evitar inmiscuirse en los asuntos internos de Bulgaria. Sólo en el discurso que pronunciará hoy ante la Asamblea Nacional (cámara baja) hará una referencia elogiosa a la labor del Parlamento de Veliko Tarnovo, una ciudad en la que los diputados adoptaron en 1879 una Constitución democrática que instauraba además la monarquía. Algunas asociaciones monárquicas piden ahora el restablecimiento de esa ley fundamental más avanzada que la aprobada en julio de 1991.

El ministro de Asuntos Exteriores, Javier Solana, se incorporará hoy en Ankara (Turquía) a la comitiva real. Hasta entonces lo sustituye el subsecretario Máximo Cajal que se entrevistó con el viceministro de Exteriores búlgaro, Valentín Gatzinsky. Éste le recordó el papel moderador de su país en el conflicto yugoslavo, al tiempo que le pidió una intervención más enérgica de la comunidad internacional para atajar la guerra en la que Bulgaria no está dispuesta a participar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 25 de mayo de 1993

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